Sobre el cambio de fecha de examen

Estimados alumnos: como sabéis sois muchos y las aulas tienen espacio limitado.
Para poder solvertar las dificultades de INCOMPATIBILIDAD, cada alumno dispone -previa consulta- de dos fechas pero ambas dentro de la misma semana. Es decir, los alumnos de Lengua extranjera podrán hacer el examen en la fecha de los alumnos del grupo mixto y viceversa, pero en ningún caso en la fecha de los alumnos ordinarios.
Esas fechas son:
Jueves 27 de mayo, 3,30 h (Lengua Extranjera)
Viernes 28 de mayo, 9,30 h (Grupo Mixto)
Muchísimas gracias

Notas


Tenéis este sitio para que podáis resolver entre vosotros las cuestiones que "conviene saber del tema 1".
En este otro sitio, podéis resolver lo que corresponde al tema 2.

Según me habéis dicho algunos, os ayudaría poder trabajar de modo análogo a Antropología I.

lunes, 26 de abril de 2010

El propio interés y el sentido de los valores

Como de costumbre, haré una breve introducción al capítulo que vamos a comentar.

Sorprendentemente habla de "valores" y me parece que incluye unos argumentos magníficos. Tal vez el marco general explique el porqué del acierto: se trata de convivir con personas de se plantean, lógicamente, fines individuales. Ahora bien, en sociedad el conflicto está servido si cada uno sigue sus intereses individuales. ¿Qué hacer? ¿Cómo podemos superar esa situación?

El resumen con el que se inicia el capítulo es muy certero. Os recomiendo que, a quien le interese seguir bien el hilo discursivo del libro, lo "estudie", esto es, lo "memorice" -es un consejo "políticamente incorrecto", puesto que la memoria está mal vista...-

En primer lugar quisiera llamar la atención sobre la interesante distintinción: placer-alegría. Aquí se encuentran los elementos que permiten dar toda la importancia antropológica y ética a la educación "estética".

Dos cuestiones más que podréis observar en el texto:
1. Para captar valores hace falta cierta "virtud": ponerse con cierto esfuerzo a experimentar aquello que está más allá de inmediato placer.
2. Para aceptar valores más allá de la inmediata inclinación subjetiva, hace falta cierta "virtud", dominio de sí, capacidad de mirar a la realidad.
Señala Spaemann que "La capacidad de conocer valores crece si uno está dispuesto a someterse a ellos, y disminuye cuando no se da esa disposición. Ese conocimiento de los valores (...) se alcanza ante todo (...) por la experiencia y la práctica" (p. 50) Interesante, ¿verdad?

Los últimos ejemplos, con los que pretende ilustar algo la cuestión de la jerarquía de los valores -entre otras cosas- no tienen desperdicio.

45 comentarios:

Anónimo dijo...

María Sánchez-Beato Solera
Buenos dias a todos:

De vuelta con el placer, Spaemann profundiza aún más en el sentido del placer y la realidad llegando a la conclusión que el verdadero placer que se muestra por medio de la alegría y el gozo lo tendría aquel a quien se le muestre en toda su riqueza el contenido de la realidad y, prescindiendo de sí, gozar de algo y con algo. Para que llegue esa manifestación es necesaria una formación. La formación es un proceso para sacar al hombre de su encierro en sí mismo haciéndole ver la realidad y sus valores. Esto último constituye para el autor el elemento esencial para una vida lograda. Esta captación de los valores tiene sus reglas: jerarquía de los mismos y capacidad para distinguir lo más importante de lo menos. Si logramos esto habremos logrado el éxito de la vida individual y social, el ser feliz. En esta jerarquía pone como ejemplo el derecho de los no fumadores y el de los fumadores. Si se legisla a favor de los primeros y los segundos son capaces de comprender y aceptar el valor que se opone a su inmediata satisfacción habrán llevado a cabo un hecho valioso. Los valores no son fruto del capricho si no de la experiencia y la práctica. Por otro lado, las cualidades de los valores se pueden corresponder con un ranking como en la literatura también hay un ranking de escritores y obras. Las cualidades de los valores también se manifiestan en su carácter apremiante, a mayor altura mayor gozo y a la inversa. Los valores también tienen obstáculos. Los principales son la apatía y la ceguera de la pasión. Spaemann pone como ejemplo de ceguera de valores el relato de Esaú y Jacob del Antiguo Testamento (Esaú, por su ceguera y apatía no ve el valor último de la primogenitura y sí el valor efímero del plato de lentejas). También alude a la ceguera del Rey David, que aleja al marido de Betsabé a una muerte segura, para satisfacer su pasión con ella. En esta historia se dan varios valores pero desjerarquizados por culpa de la pasión. La pasión forma parte de los valores y pone al individuo en una primera relación con el valor, pero no es capaz de crear una verdadera respuesta a ese valor. Es otra cosa, algo más, lo que da consistencia al valor.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola soy Mª Libertad Pérez Lobo (Lengua Extranjera). Al finalizar mi comentario de la semana pasada dije: “esta claro que lo que deseamos es el placer, pero siempre apoyado en la realidad”, y esta semana comienzo diciendo lo mismo. El placer por sí solo no nos lleva al gozo absoluto, sino que necesitamos algo más, ese algo es la alegría, buscar nuestros intereses e interesarnos así por algo, así conoceremos los valores de la realidad en la que vivimos y llegaremos al gozo. Para llegar al gozo a través de los valores, debemos jerarquizarlos, ya que unos van a preceder a otros según nuestros intereses, aunque existan valores comunes a todos los individuos, que aunque no satisfagan nuestras necesidades hemos de aprender que están ahí y por ello debemos ver más allá de nuestras necesidades, de nuestro gozo, por ello esa jerarquización de los valores la alcanzaremos a través de nuestra experiencia. Ante todo lo expuesto, debo decir que las personas que actúan de forma pasional, no son capaces de jerarquizar los valores que le pueden llevar al gozo (lo vemos en el ejemplo del Rey David), y quien solo puede actuar por pasión, de ningún modo hará justicia a la realidad, ya que si actuamos movidos por la pasión, ésta nos mostrará valores que desconocíamos, pero nunca los jerarquizará, por lo cuál no se llegará al placer, al gozo absoluto.

SONIA M.A. dijo...

Buenas tardes a todos,

Soy Sonia Marín Álvarez, alumna titulada en Lengua Extranjera. He realizado un breve resumen del capítulo 3: “Formación o el propio interés y el sentido de los valores.

¿Qué es lo que de verdad y en el fondo queremos? El autor empieza el capítulo del libro con esta pregunta. Parece que la respuesta tenga que ser “el placer”, “el bienestar”, pero en realidad todos nos damos cuenta que lo que deseamos es la felicidad no ilusoria, una felicidad apoyada en la realidad que vivimos. Hablamos de alegría y no de placer. El autor pone dos ejemplos claros para este punto: podemos tener un gran placer corporal, pero estar inmersos en una depresión, o bien estar alegres pero con un gran dolor físico. Lo importante en los dos casos es la alegría. Y esta alegría es causada por algo, en concreto los valores son los que contienen estos sentimientos de alegría, tristeza, respeto, amor, odio, temor y esperanza. El conocimiento de estos valores se da a través de la experiencia y la práctica, pero también es necesario un proceso de formación.
Hoy en día es tan importante el que los alumnos aprendan a tener sus propios intereses, es decir, que se interesen por algo y abandonen la pasividad, como el que sepan luchar por ellos. Los educadores somos guías para ayudarles a que ellos mismos descubran en qué consiste una vida valiosa y cuáles son las leyes de su desarrollo como personas, que sean capaces de discernir las actitudes que les orientan hacia su plenitud y aquellas que por el contrario les van alejando.
La formación del sentido de los valores, de la capacidad para distinguir lo más importante de lo menos, es una condición para llegar al éxito de la vida individual y para la comunicación con los demás. Pero el éxito no puede ser a trozos, dejándonos llevar por los estados de ánimo, sino que tiene que estar unido a la armonía y amistad consigo mismo. Aceptar el valor opuesto a la propia satisfacción implica una acción valiosa.
Spaemann señala dos obstáculos para alcanzar los valores:
• La apatía, ejemplarizada con la historia de Esaú y el plato de lentejas: llega a la conclusión que el apático no capta la jerarquía de valores.
• Ceguera de la pasión: con el ejemplo bíblico de David y Betsabé. La pasión hace que se actúe por egoísmo, creyendo más importante el poseer a la mujer de otro que la vida de éste.
Lo que nos diferencia de los animales es que nosotros tenemos una responsabilidad frente a nuestros actos, y por lo tanto hemos de dar cuenta de ellos. La pasión viene y se va, por lo tanto el que sólo actúe por pasión no hará justicia a la realidad.

Un saludo,

Sonia Marín

Oliva Luengo Morillas dijo...

Hola buenas tardes, soy Oliva Luengo, alumna Titulada de Lengua Extranjera.
A continuación presentaré un breve resumen sobre el tema.

El capítulo empieza resumiendo que lo que en el fondo deseamos es mantenernos en el ser, es decir, una felicidad que se apoye en la realidad.
Sin embargo tanto el placer como esa la realidad (ni de forma aislada, ni de mutua relación) describen adecuadamente nuestro fin final.

A continuación, se centra en la alegría y el placer (el propio interés) y en el sentido de los valores: afirma que de la alegría no se saca nada; el autor también habla de varios tipos de alegría según el contenido que se de en ella, a estos contenidos nos referimos con el nombre de “Valores”.
Estos valores no son todos accesibles al mismo tiempo, se manifiestan y se captan paulatinamente y como consecuencia de esta captación, habrá una jerarquía de valores para cada ser.

Existe un criterio para establecer esta jerarquía y es la intensidad del gozo que experimenta la persona.
La formación (proceso de sacar al hombre de su encierro en si mismo) del sentido de los valores es una condición para alcanzar el éxito en la vida individual y para la comunicación con los demás.

Otro concepto que debemos tener en cuenta es que cada uno tiene su escala de valores y de este modo, quien está dispuesto a aceptar el valor que se opone a su satisfacción es capaz de realizar una acción valiosa.

Hay dos propiedades que son obstáculos para los valores: la apatía y la ceguera de pasión, por eso ni la persona apática ni el cegado por la pasión serán capaces de captar esta jerarquía de valores.

El capítulo finaliza afirmando que la pasión nos pone ante una primera relación con el valor pero eso no significa que se esté dando una adecuada respuesta a ese valor.

Un saludo a todos.

Nuria Muñoz dijo...

Hola a todos. Soy Nuria Muñoz(titulados)
Qué interesante capítulo tercero:
Llegamos a la conclusión que el hombre busca la felicidad real, y no ilusoria.
El gozo se da en la manifestación de lo valioso de la realidad desde un punto de vista objetivo, cosa contraria ocurre con el placer que es un bienestar subjetivo y menos profundo que aquel.
Debemos pues, para ser felices, objetivar nuestros intereses y para lograrlo se requiere de formación, es decir, tomar perspectiva sobre las cosas, salir de uno mismo. ¿Y cuándo sale uno de si mismo? Es lo que se llama “tomar distancia” que no es otra cosa que valorar la situación objetivamente al amparo de nuestra experiencia , formación, perseverancia sometiéndolo todo a la escala o jerarquía de valores que han sido forjados a través de una vida lograda. La felicidad ha de traernos armonía y entendimiento con los demás a través de acuerdos o ideas comunes que establezcan jerarquías de valores consensuados aunque estos se opongan a nuestra inmediata satisfacción.
Existe un dicho “no hay mayor ciego que el que no quiere ver” que explica cómo hay obstáculos para los valores( ceguera o apatía) donde nos mueve sólo la pasión pero no la trasciende en valor.
Un saludo Nuria

M.H.Sumner dijo...

Hola,
El capítulo 3 habla de los placeres más altos y los más bajos y sus efectos en el ser humano.
El ser humano aunque puede, no debe reducirse a un placer subjetivo ya que así nunca llegaría a experimentar el gozo. Sin embargo el gozo sólo es accesible cuando uno aprende a objetivar sus intereses. De aquí la importancia de la formación para sacar al hombre de sí mismo con el fin de objetivar sus intereses. Objetivando, el hombre jerarquiza dichos intereses como condición para el éxito y para la comunicación con los demás. Cuando sus intereses son meramente subjetivos no puede producirse armonía alguna con los demás limitándose en un estado egoísta.
Es por ello que la disciplina sea necesaria para que el hombre goce; cuanto más alto sean sus valores, más intensamente gozará. Pero sólo lo hará si está dispuesto a someterse a ellos. De aquí la importancia de la formación y la disciplina.
Los obstáculos que limitan los valores son la apatía y la ceguera de la pasión ya que no captan jerarquía de valores alguna. Aunque es bueno para la vida vivir apasionadamente ya que nos descubre valores, la pasión en sí no los jerarquiza haciendo al hombre vivir egoístamente y sin ponerse en el lugar de las cosas.
Un saludo.

Mercedes Martín - alumna titulada dijo...

Buenas noches, en este capitulo se nos brinda la posibilidad de reflexionar sobre lo que de verdad queremos. Es interesante puesto que en el fondo todo ser humano “desea” alcanzar la felicidad. Como fin último debe estar centrado en la realidad en la que vivimos. Puede ser subjetivo el planteamiento de diferentes personas respecto cómo actúan y piensan sobre que es vivir una buena vida. Considero que placer (físico, intelectual, lúdico,…) es algo pasajero, que puedes buscar y obtener por un rato, sin embargo, la felicidad es algo más; es un estado de animo que se tiene siempre, no importa lo que hagas. Es un estado de plenitud y autorrealización con uno mismo y con los demás. Por otra parte, entiendo que la alegría y la tristeza son estados momentáneos que no tienen que ver con nuestro estado de felicidad final (una persona puede estar triste pero ser muy feliz, o tener mucha angustia pero estar alegre porque nuestro equipo de futbol ganó).

En este sentido, Spaemann nos apunta “…quien convierte el placer y el bienestar subjetivo en el tema de su vida y en el fin de su actividad, no experimentará en absoluto aquel bienestar más profundo que llamamos gozo”. Para conseguir una vida “lograda”, debemos formarnos, despertar nuestros intereses objetivos y conocer los valores de la realidad, diferenciando lo más y menos importante. En nuestra convivencia con los demás me resulta vital poner en práctica y aceptar valores a pesar de que se opongan a nuestra inmediata satisfacción, a nuestro interés propio o nuestras propias pasiones (“quien sólo puede actuar por pasión no hará justicia a la realidad”).

Mercedes Martín del Barrio
Alumna Titulada Magisterio Primaria

Tania dijo...

Hola soy Tania Aamor Pérez de lengua extranjera.

Voy a comentar un poco el capitulo 3.

Me parece muy interesante la pregunta ¿ Que es lo que de verdad y en el fondo queremos?
Puede ser placer, felecidad, amor, pero todas estas cosas queremos que se apoyen en una realidad.
Vivir cosas reales que nos hagan felices o infelices, de ahí la contradicción de estar enfermo pero sentirse inmensamente feliz por algo bueno que te haya sucedido.
La alegria por algo es lo máximo que se puede sacar de esa cosa.
Hoy la educación nos dice que hay que enseñar a la gente joven a defender sus intereses, pero como bien nos dicen en el libro hay que enseñarles primero a tener intereses a luchar por algo en lo que creen, eso es lo que realmente va a hacerles felices.
El ser feliz uno mismo significa tener armonía y amistad consigo mismo, ser constante con las cosas y decisiones que toma.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola y muy buenos días a tod@s:

Soy Cristina Pérez Ortiz del Río (Ed. Física)

Voy a reflexionar un poco sobre todo lo que Spaemann nos comenta en el capítulo 3 sobre el propio interés y el sentido de los valores.

El autor hace una reflexión sobre lo que hace más buena una vida y nos habla de dos abstracciones como son la del PLACER y la REALIDAD.
Como bien sabemos, al hombre hay que educarlo y sobre todo formarlo. Como bien dice en el epígrafe del capítulo 3, “Formación”, Spaemann lo llama al proceso de sacar al hombre de su encierro en sí mismo, y de lo típicamente animal.
Con ello, nos quiere decir que no podemos estar pensando en un placer cercano que podamos lograr fácilmente, sino que tengamos una meta más alta en los valores. Que no nos dejemos llevar por aquellas cosas insignificantes y sencillas que nos dan un placer inmediato, porque entonces estaríamos hablando de egoísmo intrínseco.
Como bien dice, debemos enseñar a los hombres a tener intereses, a ser un hombre formado, educado. Es ahí, donde poseerá unas inquietudes más complejas y será capaz de discernir los valores que se encuentran en su realidad. Dando lugar a una vida lograda y completa.

Un saludo.
Cristina

adri vaz dijo...

Buenas tardes, soy Adriana Vaz de E.I. via titulados:
Spaemann nos introduce en la formacion de los valores. Comienza hablando sobre el placer.El principio del placer no se acomoda a la realidad sino que causa una euforia en un momento concreto. Pero ese placer no tiene un objeto, un contenido a largo plazo, como lo tiene la alegria,el gozo, esa felicidad que si que se apoya en la realidad.
Los valores son los objetos, los contenidos de los sentimientos.Los valores son valiosisimos pero si no sabemos cómo educarlos no tendremos una visión objetiva de la realidad.
Necesitamos de la formación y la educación tiene el deber de enseñar a tener interés por algo, crear intereses objetivos, puesto que es un elemento esencial para poder llevar una vida lograda. Es una condición para tener éxito en la vida individual y para poder comunicarse con los demás.
Claro ejemplo es el de los fumadores, sabes perfectamente que el humo molesta y que no es saludable( aqui entran las preferencias, el bien común, el placer del cigarro)..pero a fin de cuentas sabes que los no fumadores tiene razon, tiene criterios para evadir el tabaco.
Estos criterios de valor, dan a uno un bienestar más profundo, el gozo.
Hay dos obstáculos que interfieren en la formacion de los valores que son la apatía y la ceguera de la pasión. Los dos no captan la jerarquía de valores sino que buscan algo momentáneo, algo egoista.
Nunca hay que actuar pasionalmente, porque nos ciega a lo que verdaderamente significa el amor.

sonia dijo...

Buenas tardes, soy Sonia Mejías, magisterio infantil.
Como quedo claro en los capítulos anteriores, lo “bueno” y lo “malo”, no son relativos. Sino que expresan una valoración absoluta, con un valor general. Para hacer algo debemos de quererlo, de ahí que este dirigido a nuestra voluntad.
Lo que todos buscamos es lograr placer y evitar el dolor, de ahí obtenemos el HEDONISMO, que fue la primera explicación de la razón de nuestra actividad y el primer principio de una moral sistemática. Pero este principio no es suficiente. Ya que el fin no es el objetivo, si no el recorrido. Como ejemplo pongo el esfuerzo que nos está costando sacarnos la carrera. El que convierta el titulo en su máximo punto de placer, según mi punto de vista está equivocado, ya que no está disfrutando todo el recorrido de estos tres años. El placer debería ser los conocimientos, las amistades, no el titulo.
En nuestro día a día el placer y el dolor suelen aparecer mezclados y eso hace que tengamos un sentido más real de nosotros mismo y así se muestra al servicio de la autoconservación.
Al niño la realidad se le muestra lo más positiva y segura posible ya que él con el paso del tiempo irá tomando conciencia propia. Gracias a las experiencias se irá acomodando a lo que le rodea.

Todo hombre busca la felicidad, pero esta felicidad tiene que estar apoyada en la realidad. Algunas veces maquillamos esa realidad para creer que somos felices, pero eso no es más que una manera de engañarnos a nosotros mismos. Hoy en día nos bombardean que para ser felices hay que tener la mejor casa, el mejor coche… y con eso seremos los más felices. Y después de conseguirlo, ¿Qué? Qué hacemos con tenerlo si hemos hipotecado nuestra vida en ello, donde quedaron la relaciones sociales, la ayuda a los demás. Hay que aprender a trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Ya que poseer muchos bienes materiales no nos dan la felicidad.
Para conseguir una vida plena tenemos que conocer los valores de la realidad, a mostrar intereses y sentirse interesado por la vida en sí misma.

Laura Fdez Fdez dijo...

Hola soy Laura Fdez Fdez, de Lengua Extranjera Titulados y quería comentar sobre la diferencia que hace Spaemann entre placer y alegría.

La alegría, según Spaemann, guarda relación con la experiencia del agradecimiento. Cuando la alegría es vista sólo como exigencia de felicidad, se pone en movimiento un automatismo que imposibilita la felicidad. Se podrá, en efecto, hablar siempre de exigencia de felicidad, pero no se puede cumplir con esa exigencia porque ella misma obstaculiza su realización. Cuando se utilizan, por ejemplo, más los psicofármacos para suprimir molestias normales, para evitar sensaciones de malestar, para disminuir todo temor o nerviosismo, disminuye también, lógicamente, la intensidad de la felicidad.

El auténtico placer, en cambio, es el que mejor corresponde a la realidad humana, es el que se acomoda a ella. Nunca la evasión de la realidad puede ser fuente de satisfacción profunda. Dicho de otro modo, todo verdadero placer es, ante todo, placer verdadero.

Spaemann aduce a la idea evangélica según la cual es mejor dar que recibir . Por otro lado, el placer autotélico es irreal en el sentido de que aliena al hombre de su propia realidad, primeramente porque tal placer es egoísta y el hombre no puede disfrutar de ningún bien sin la compañía de amigos, como dice Aristóteles (la praxis principal es la convivencia, la amistad política); y en segundo término, porque un placer que se busca por sí mismo sólo proporciona satisfacciones que suelen ser muy poco extensas, y sólo se mantienen buscando mayores dosis del principio hedónico activo, estableciéndose así un ciclo perverso que suele acabar en un embotamiento mental que hace imposible percibir las realidades superiores, dejando al hombre en un estado de enajenación que fácilmente precipita en la evasión y el vértigo.

Susana Fuertes dijo...

Soy Susana Fuertes (titulados L.E.).

Tengo una duda que
no me deja entender el capítulo 3.Os agradecería que alguien me lo aclarase ¿Qué son exactamente los valores?. ¿Son el contenido de la realidad?¿son los intereses objetivos que proceden de la realidad?¿cuales son concretamente los valores más altos y los más bajos?. Me ha quedado claro que son algo fundamental, a este respecto Spaemann escribe "la formación del sentido de los valores, del sentido de su jerarquía, de la capacidad para distinguir lo más importante de lo menos, es una condición para el éxito de la vida induvidual y para la comunicación con los demás". Pero no me ha quedado claro qúe son los valores.

Laura López Gonález dijo...

Hola a todos. Soy Laura López González de e. física titulados.

Este nuevo capitulo comienza con una pregunta interesante ¿ Que es lo que de verdad y en el fondo queremos?
pienso qeu todos queremos una felicidad, un amor,... pero que sean reales. pero en el fondo lo único que todos queremos es la felicidad porque con ella se puede conseguir lo demás. Alguien que no es feliz no rinde en el trabajo, en su familia no se comporta como en realidad es,no lucha por nada,... Pienso que todo el mundo tiene y debe tener unos intereses por los que luchar, y conseguirlos o llegar a ellos, esto le hará feliz.

Tanto los educadores como los padres de familia deben de enseñar los niños a tener intereses y unos valores y luchar por ellos, para llegar a ser personas formadas ,educadas,.... sin ellos seremos un cuerpo pero no llegaremos a estar formados como personas. Los valores pueden variar de unas personas a otras, no todos teneos la misma escala de valores.

Como conclusión creo que para que la persona sea feliz y demuestre esa felicidad con los demás tiene que estar tranquilo y en paz consigo mismo.

webmaster dijo...

Buenos días,
soy Katrin Eckart, titulada en Magisterio L.E.

Estrictamente, la tesis según la cual cada uno debe actuar como quiera, resulta algo trivial. Cada uno actúa como le gusta. El que obra según su conciencia atiene a bien actuar así, y quien obedece a una norma moral tiene a bien proceder de ese modo.
Vivir rectamente, vivir bien, significa ante todo establecer una jerarquía en las preferencias.
El sentido de la Ética filosófica es arrojar más luz sobre el conocimiento de lo que es el bien y defenderlo frente a las objeciones de los sofistas.

Me ha gustado el comentario de Mª Libertad Pérez Lobo. Yo también pienso en que debemos aceptar sucesos que para nosotros son malos, porque de ellos aprendemos y nos superamos a nosotros mismos. Es la providencia divina, Dios guía nuestras vidas y a veces nos lleva por caminos que no desconocemos pero igual comprenderemos más tarde.
Desde mi punto de vista pienso que para llegar al bien o a la corrección no siempre es inmediato. A veces se han de sobrepasar obstáculos para encontrarse feliz consigo mismo.
Como educadores no podemos seguir una idea fijada, hemos de conocer a nuestros alumnos e ir actuando en consecuencia a sus comportamientos.

Hay que decir que no existe en absoluto un moral dominante. En nuestra sociedad pluralista concurren distintas concepciones morales. Una parte de la sociedad, condena el aborto como un crimen, otra lo acepta, e incluso lucha contra el sentimiento de culpa que con él se relaciona.

Con respecto a la sociedad actual pienso que el hedonismo está muy presente. La sociedad de consumo nos lleva a esto. Es muy triste que estén al alcance el aborto, eutanasia y tantas cosas que seguramente si hubiera más necesidad e inquietud por sobrevivir no llegaría a la mente del hombre que puede llegar a ser muy rebuscada. Yo pienso que lo bueno es lo que los seres del mundo hacen “instintivamente”, como Dios los ha creado.

TERESA PUERTA dijo...

Hola una semana más.
Señala RobertSpaemann que queremos una felicidad, pero una felicidad real, estoy totalmente de acuerdo, de echo, cuantas veces hemos dicho esa persona lo tiene todo y no es feliz.Queremos felicidad, pero también esta es relativa lo que hace feliz a una persona quizas a otra no le hece.
Para que sea real hay que interesasrse por las cosa, por algo.
Cada persona defiende sus intereses, y los valores nos dan capacidad para distinguir lo más importante de lo menos.
Totalmente de acuerdo con Spaemann, en que ser feliz, significa armonia y amistad consigo mismo. Hagas lo que hagas , tengas lo que tengas, si no tienes armonia con uno mismo no se consigue la felicidad.

Otra idea que destaca el autor es la de no obrar a impulsos de la ira, hay que saber controlarse. Todo esto se consigue con educación, valores..
Cierto es que por compasión se puede hacer algo irracional. Sobre todo con los hijos, obramos más con el corazón que con la cabeza, ahí está lo dificil de educar.
Un saludo , hasta la pr´xima semana.

Unknown dijo...

Mª del Mar Losada García. Lengua extranjera

Buenas tardes a todos.

En este capítulo Spaemann nos habla, entre otras cosas, de la diferencia existente entre placer y alegría. Ésta es que la alegría es lo máximo que se puede obtener de algo, tiene un objeto, mientras que el placer es causado por algo.

Me parece muy acertado el comentario en el que dice que se escucha muchas veces que la tarea que tiene la educación es enseñar a los jóvenes a defender sus intereses, mientras que lo debe hacer antes de eso es ayudarles a buscar esos intereses, ayudarles a interarse por algo. Este hecho de ayudarles a despertar su interés por algo me parece esencial para luchar contra el pasotismo de los alumnos que a veces nos encontramos en el aula.

También me parece muy interesante la explicación que da de que es necesaria una jerarquía de valores, en la que se comprueba que los valores que producen más gozo son los que están más altos y son más difíciles de alcanzar. Esta verdad la tienen que aprender nuestros alumnos para que no les suceda como a Esaú en el ejemplo que nos ofrece esta lectura.

Saludos,

Mar Losada

Monica Garcia Rayo- Infantil dijo...

Hola, soy Mónica Garcia Rayo, alumna de titulados de infantil. Verdaderamente, este capítulo es muy interesante pero veo difícil lo de memorizar que indica Consuelo, aunque solo sea el principio. Parece fácil entenderlo pero repetirlo igual o parecido al libro es complicado. Leo que alguien en uno de sus comentarios se plantea el que es un valor, que no le ha quedado claro. En el libro recoge que llamamos valores a los objetos o contenido de los sentimientos apuntados (entiendo que se refiere al placer y la alegría). Yo por valor entiendo como algo que se presenta como bueno para ti y por tanto para los demás, por eso, como educadora de infantil hay que presentar a los niños valores buenos para que se conviertan en futuras virtudes. Si tu presentas como bueno como un valor bueno el terminar bien tus trabajos, con el tiempo serás una persona laboriosa el día de mañana. El hacer las cosas bien te produce una alegría que es superior al placer que tiene un carácter más efímero o pasajero. Cuando Spaemann dice que la capacidad de conocer valores crece si uno está dispuesto a someterse a ello parece que guarda estrecha relación con los pilares de la personalidad madura que vimos el curso pasado y, en concreto, con la fortaleza, templanza, justicia y prudencia.

Naiara Laso De La Vega dijo...

Hola a todos, soy Naiara Laso de la Vega titulada en Educación Infantil.

Ni la búsqueda de placer propuesto por los hedonistas, ni el amoldamiento del ser a al realidad propuesto por Freud terminan de explicar bien el fin último del hombre. La alegría tampoco puede ser ya que a veces no viene acompañada de salud física.
Experimentar la realidad y ser capaz de obtener su contenido valioso (emociones tanto buenas como malas) puede acercarse a la definición de bienestar absoluto.
Hay que formar al ser para que éste sea capaz de "exprimir" la realidad y obtener su valores, lo cual conlleva un esfuerzo y una dedicación. No se puede aprender a valorar un cuadro de Goya si antes no has aprendido a valorar una curva o un matiz. requiere un proceso.
Igualmente buscar sólo el bienestar subjetivo y personal no puede conducir a una felicidad completa.
Finalmenete Spaemann comenta lso obstáculos para obetner unos valores correctos.
· la apatía
· La pasión ya que nos ciega y nos hace actuar de forma irracional o comunmente descrito como "visceral".
En este último paso no termino de estar del todo de acuerdo con el autor. Quizás porque yo tengo otro concepto de "pasión".
Si que a veces actuar de forma pasional puede tener un significado "visceral" irracional que nos hace cometer verdaderas locuras. Así lo describe el autor.
Pero yo creo que existe otra visión o concepto de de la pasión: aquella que es pensada, reflexionada, que requiere un esfuerzo grandísimo y que nos hace obrar verdaderas maravillas, que nos hace entregarnos a una causa con verdadero fervor y valentía. Obtener un logro académico, profesional, ser capaz de esforzarnos por una causa justa...dar la vida por otro ser o incluso por la humanidad.

Consuelo Martínez Priego dijo...

Buenos días,

querría aclarar -y de paso ayudar a Susana F- que, cuando Spaemann habla de "valores", no lo hace en el sentido en el que se usa en ocasiones en nuestro contexto, sino de un modo bastante más profundo. Se trata de "valorar la realidad", no de unos "ideales" algo utópicos -pintarse las manos de blanco para aprender qué es la paz... y trivialidades de ese tipo-. Se trata de apreciar la realidad en su jerarquía razonable, hasta distanciarlos de nuestra mera apetencia. Por tanto, si bien el valor se capta en forma de un cierto "sentimiento", poco a poco deja caer Spaemann que no quiere referirse a lo que sentimos, sino a la realidad que ese especialísimo sentimiento destaca: lo real, el contenido. Valor es "peso" de lo real que tiene un acompañamiento subjetivo en quien está educado y puede captarlos que es la alegría o el gozo. No todos captan el valor de lo real, la jerarquía de los valores: se requiere objetivar, educar, tener cierta disciplina, estar dispuesto a desprenderse del propio interés y centrarse en lo interesante -eso sería "descentrarse" en terminología de Polo-.

Puede arrojar luz esta otra consideración ¿Qué es la alegría? Es ese sentimiento o efecto del amor, dice santo Tomás. Pero hay tantas clases de alegría como clases de amor, unas más profundas, otras más superficiales.

Y nada más: si surge alguna otra duda... procuraré intervenir.
Un cordial saludo a todos

Anonimo dijo...

Hola a tod@s.

Soy Javier Grau, alumno titulado de Ed. Física.

Voy a comentar el capitulo 3.

¿Qué es lo que de verdad y en el fondo queremos? Con esta pregunta comienza este nuevo capítulo, que ya se hablo en los capítulos anteriores.

La respuesta de dicha pregunta según el hedonismo, afirma que lo que en el fondo deseamos es el placer y el bienestar.
Reflexionando sobre esa respuesta hemos visto que queremos algo más.
El placer, encuentra su límite en la realidad, como comentaba Freud. Lo que realmente deseamos es una felicidad que se apoye en la realidad.

Respecto a la alegría es lo máximo que se puede sacar de una cosa. La alegría tiene un objeto, un contenido. Según los contenidos de esa alegría existen diferentes tipos de esta.

Se dice que la educación tiene como tarea el que los jóvenes aprendan a defender sus intereses, aunque hay algo más importante; la de enseñar a los hombres a tener intereses, e interesarse por algo, ya que quien defiende sus intereses pero no se interesa por nada más que por él, no podrá ser ya más feliz.

Es necesario crear una jerarquía de valores, en la que podemos observar que los valores que producen más gozo, son aquellos que están más altos y que son más difíciles de conseguir.

La felicidad ha de traernos armonía y entendimiento con los demás a través de ideas comunes que establezcan jerarquías de valores, aunque estos se opongan a nuestra inmediata satisfacción.

Un saludo.

ANA dijo...

Ana Suárez, Ed.Infantil
¿Qué es lo que realmente quiere la sociedad hoy en día: placer o felicidad?
Muchas veces pensamos que la felicidad esta en las cosas que nos satisfacen, que nos producen bienestar y placer. Pero ¿esta realmente la felicidad en esas cosas?
La sensación de placer se produce en nosotros como consecuencia de algo, sin embargo la felicidad, tiene un contenido, un objeto. Esos objetos o contenidos son los valores, que se van manifestando poco a poco en la medida en que uno aprenda a objetivar sus intereses a través de la formación.
Es importante para poder objetivar intereses, tenerlos. Por eso nos corresponde a nosotros como educadores formar a nuestros alumnos para que tengan intereses y los puedan defenderlos y jerarquizarlos. Saber cuales son mas importantes ya que es un elemento fundamental para el éxito de la vida individual y como consecuencia en la relación con los demás.
Esto producirá una armonía y amistad con uno mismo, aspecto donde radica la verdadera felicidad, por lo que hay que saber que en casi todos los casos, los valores que producen mayor felicidad y gozo son aquellos que requieren una disciplina y u esfuerzo para alcanzarlos.
Hoy en día tenemos el problema como he comentado anteriormente que vivimos pensando que la felicidad esta en el bienestar y la comodidad. Solo pensamos en el interés personal y no miramos por los demás, hacemos lo que es beneficioso para nosotros aunque eso suponga perjudicar al de al lado. Somos victimas como dice el texto de la apatía y la ceguera de las pasiones, principales obstáculos para la captación de valores.

Noelia Conesa Peñalver. 2º educación infantil dijo...

Buenas tardes:
Respecto a lo que el hombre quiere, dice el hedonismo que se trata del placer, pero ya vimos en el capítulo II que este placer puede resultar un error para la persona, ya que este al fin al cabo choca con la realidad. Y en esa realidad es donde el hombre quiere encontrar su felicidad, por lo tanto el placer deberá ser sustituible por la alegría, ya que el placer implica un deseo subjetivo, en cuento a lo que yo quiero o deseo y la alegría es el disfrutar de todo lo que nos rodea de una forma objetiva, ampliada con la realidad. Es exactamente el contenido de esa alegría lo que denominamos valor, el verdadero valor de las cosas. Pero para alcanzar el contenido valioso es necesario tener claro cuáles son nuestros intereses y no podemos llegar a ellos sin la adecuada formación que nos permita salir de nuestros pensamientos subjetivos, nuestros deseos, nuestros puntos de vista “lo que yo quiero”. Con ello conseguiremos objetivar nuestros intereses y llevar a cabo una jerarquización de los mismos. Precisamente hablamos de valor porque el esfuerzo de no dejarse llevar por el placer es lo difícil, por lo que tiene valor aquello que nos saca de nuestro mundo interno y nos hace ver las cosas desde el punto de vista de todo lo demás. Esta es la clave de nuestra vida con los demás, porque aunque el hombre se empeñe no está solo, nuestra vida es compartida y como tal debemos partir de dicha base. Por eso debe existir una jerarquía de valores que hagan más fácil el entendimiento y que a la vez ello provoque el bienestar general, tato de uno mismo como de los demás. Para ello, el hombre debe dejar a un lado sus propias satisfacciones para encontrar el gozo en el bien común. Cuando una persona se va formando a base de conocer los distintos puntos de vista de las cosas y personas consigue una vida rica e intensa, ello requiere esfuerzo y cuanto mayor sea este, más satisfactorio será su gozo. Pero existen unos obstáculos para alcanzar dichos valores, estos son la apatía y la ceguera de la pasión. Ambas impiden ver la jerarquía de valores, es más, justamente la pasión es necesaria para poder descubrir el valor. El amor, la ira o la compasión nos pueden mostrar el valor a través de la pasión por las cosas pero también puede confundirlos porque si no tenemos una jerarquía bien definida, llevará al hombre a lo contrario, al desvalor.
¡Mucho ánimo a todos!

Anónimo dijo...

Hola soy Luis Rubio Portolés, alumno titulado de 3º de Magisterio Ed. Física. En este tema Spaemann nos hablará de cómo es necesaria la formación y qué sentido tienen los valores en las personas.
Según lo planteado en el tema anterior se discute la validez que da el hedonismo, como respuesta a la pregunta de ¿qué es lo que verdad queremos? Según él era el placer y el bienestar. Hemos visto que tanto el hedonismo como lo que dice Freud no es lo más acertado a la hora de responder a la pregunta anterior. Sabemos que lo que el hombre desea no es otra cosa que una felicidad basada en la realidad verdadera aunque no se sabe muy bien como llegar a ella.
Hace una diferencia entre el placer y la alegría y ve que hay tantos estados de alegría como contenidos que de esta se den. En ese momento aparecen los valores, los cuales son los propios objetos y los contenidos de los sentimientos que las personas tienen. Pero los valores si no tienen un orden una línea a seguir carecen de mérito porque para cada persona serían diferentes y no atenderían una realidad común.
Los valores, o lo que es lo mismo los contenidos valiosos, siguen un proceso de formación ya que hay que educarlos para que el placer generado no se vuelva subjetivo. Si lo hiciera sería efímero.Esto se consigue mediante la experiencia y la propia práctica.
La formación consistiría en sacar fuera, al hombre, de su “rinconcito” y que se diese cuenta de la realidad en la que vive. Que fuese más objetivo y que diferenciase sus intereses y que aumentase sus capacidades de gozo y de dolor.
Spaemann, también nos habla de los intereses. Nos dice” que se ha de enseñar a los hombres a tener intereses y a interesarse por algo para llegar a ser feliz”. No se puede tener intereses y que no le interese nada, ni tampoco puede interesarse por algo sin tener interés. Por eso la formación, la creación de intereses objetivos es un elemento esencial para una vida lograda.
Nos cuenta que aunque los valores no son iguales para todos, cuando se hacen subjetivos, estamos obrando pensando de forma egoísta, mientras que cuando esos valores alcanzan la condición que sobrepasa las propias necesidades individuales, se convierten en acciones valiosas, es decir, que el hombre es capaz de aceptar el valor aunque se oponga a su satisfacción personal.
Por último, nos plantea el tema de las pasiones, de las cuales nos dice que quien actúa movido por ellas no actúa según los valores, sino según sus egoísmos. También aunque las pasiones puedan provenir de ciertos valores al someternos a ellas no actuamos en acorde con los valores por los cuales nos movemos por eso no se aconseja que las sigamos.

Un saludo
Luis Rubio Portolés

Carlos de Vicente dijo...

En este capítulo, el autor, nos habla de los llamados valores, es decir, de aquellos objetos o contenidos que dan lugar a los diferentes sentimientos de alegría-tristeza, amor-odio, ….

Spaemann nos dice que estos valores no nos accesibles a todos y desde el principio, sino que necesitamos un periodo de formación para poder captar y apreciar dichos valores. Además nos dice que, esta formación, implica la creación de unos intereses objetivos, es decir, el conocimiento de los valores de la realidad para poder apreciar dichos valores.
También nos dice que la capacidad de conocer valores crece si uno está dispuesto a someterse a ellos, disminuyendo cuando no se da esa disposición; necesitando indiscutiblemente la experiencia y la práctica.

Ante dicha información estoy totalmente de acuerdo, uno no apreciar las cosas si primero no ha recibido la formación suficiente. A parte de esa formación uno debe estar dispuesto a asumir que debe cumplir unas normas o reglas ante esos valores. Por ejemplo, uno no puede apreciar el valor de la naturaleza (ya sea el mar o la montaña) si primero no ha recibido la formación necesaria, es decir, no le han explicado la importancia de nuestros bosques y mares. Además, uno debe someterse a la norma de respetar y cuidar dicho medio ambiente. Una persona que se dedique a tirar basura en los bosques o mares y a decir que no pasa nada por ello es imposible que aprecie el valor que tienen y las sensaciones que te pueden transmitir el navegar en el mar o ir de acampada al bosque. Y estas sensaciones se logran únicamente con la experiencia, yendo a los mares o a los bosques y no desde casa a través de la TV o el ordenador.

Raquel Sancho Ríos dijo...

Buenas tardes:
Soy Raquel Sancho E.I Titulados.
Me ha encantado el comentario de Noelia Conesa

El placer se consigue con muchas cosas superficiales, pero eso pasa, eso se acaba y hay que seguir buscando cosas que produzcan placer, pero ¿Qué queda después?, vacío, porque no somos felices obteniendo placer, no vivimos en la realidad, que es donde queremos ser felices. Necesitamos alegría, necesitamos saber verla en la realidad de nuestra vida. Tenemos que valorar la realidad saber sacar lo realmente importante y profundo para vivir en la felicidad, que es la meta a la que todos queremos llegar. Para que una persona sea capaza de conseguir esto necesitar estar “educada”, dejar a un lado todo lo que nos aparta de lo auténtico, porque no es fácil desviarte de lo que sólo nos importa a nosotros, de lo que queremos tener, y crear una escala de valores adecuada a la felicidad.

Un saludo
Raquel.

Unknown dijo...

Buenas tardes. Soy Marta Ramos Quintana, Titulada de Infantil.
Voy a resaltar unas ideas que me han llamado la atención, y que muchas veces por ser tan obvias, ni reparamos en ellas.
La respuesta del placer no es sólo el placer, el bienestar, sino también la alegría, el gozo, toda una serie de estados de ánimo y circunstancias que a uno le rodean. En estas reflexiones del autor me gustaría comentar que también es fundamental tener en cuenta la edad, ya que no pensamos u opinamos lo mismo si algo nos ocurre con quince, con veinte o con treinta años.
El ser humano, en lo referente al placer y realidad, no tiene fin debido a nuestra ambición (hasta cierto punto), ya que también hay que tener en cuenta el bienestar que intentamos lograr como individuos, familias...
También nos dice que quien busque como fin el placer y bienestar está llamado al fracaso (aunque yo matizaría que al personal), que la ira y la compasión ciegan por diferentes razones el resto de los sentidos y que la vida individual se compone de una serie de estados que se suceden en el tiempo. Estoy totalmente de acuerdo con Spaemann, y aunque la ira no nos trae nada bueno, ¿qué sería de este mundo sin la compasión, aunque nos ciegue en algunas ocasiones?
Un saludo y hasta la semana que viene. MRQ

Teresa Aguirre dijo...

Hola a todos,
De los dos capítulos que hemos leído esta semana, me quedo con la siguiente idea: “hay dos propiedades que son obstáculos para los valores y que, a primera vista, parecen opuestos. Uno es la apatía; La otra la ceguera de la pasión.”El autor para clarificar esta idea pone dos ejemplos del antiguo testamento. La historia de Esaú y la del rey David. Hoy, también tenemos muchos ejemplos de gente que se ciega por la pasión y que no está en disposición de avanzar como persona. No tenemos más que ver las noticias o leer el periódico para ver algún caso.
Aquella persona que cae en la apatía, deja de actuar casi por completo. Deja de hacer aquellas cosas que más le gustan, favoreciendo así que el aburrimiento se extienda a sus anchas. Casi siempre va ligada a la tristeza, que como todos sabemos, es una aliada del enemigo. Por desgracia, también es frecuente encontrarnos con personas apáticas que no encuentran sentido a la vida.
En fin, nuestra labor es abrir los ojos a esas personas.

Saludos
Teresa Aguirre

Pablo Álvarez (Ed. Física) dijo...

Buenos días y Felicidades para todas las MADRES:

Spaemann profundiza en este capítulo sobre el placer y la relación con la alegría vinculándolos en la realidad.
El placer podemos conseguirlo de distintas formas dentro de lo superficial. Sin embargo, Spaemann va mucho más allá de este significado. Es muy fácil buscar el placer, pero no lo es tanto si siempre somos conscientes de la realidad en la que estamos. El placer no da siempre la felicidad. Debemos sentirnos felices con nosotros mismos y con la relaidad que nos rodea, para que ese placer que busquemos sea más verdadero, más real. Muchas veces creemos ser felices por aquello que nos da placer, pero eso es porque no vivimos en la realidad. Lo que necesitamos es encontrar la alegría dentro de la realidad en que vivimos. Para ello debemos valorar la realidad, buscando lo relevante, lo justamente necesario para vivir en armonía y con felicidad. "Ser feliz significa armonía y amistad consigo mismo". Por otro lado, para llegar a esa felicidad, a conseguir un placer valorando la realidad, también debemos saber qué es lo que queremos de nosotros mismos, qué es lo queremos hacer, encontrarle un sentido certero dentro de la realidad. Por ello, en la educación es importante inculcar estos aspectos. Es muy fácil apartarse de la realidad para ceñirnos sólo a lo que nos importa a nosotros; es importante crear una escala de valores adecuada a la felicidad y a la realidad que vivimos. Hay quienes ven que la felicidad es una meta, pero para mí es un camino, en el que hay que tener presentes los valores de nuestra realidad, y con ello ser feliz.

Gloria Clemente dijo...

Hola a todos:

Al comienzo del capítulo se hace una distinción entre el placer y la alegría. La "buena vida" no se basa sólo en un bienestar propio, físico, sino que va más allá, ya que las sensaciones placenteras las causa algo, hay que buscarles sentido. Debemos comprender el contenido valioso de la realidad, los valores de esos sentimientos. Para ello hace falta práctica y experiencia, así como distinguir lo más importante de lo menos, conociendo la jerarquía de los valores.
También debemos tener en cuenta obstáculos a la hora de conocer los valores: la apatía (para la que el autor utiliza el ejemplo bíblico de Jacob y Esaú)y la ceguera por la pasión (en la que utiliza el ejemplo de David y Betsabé). No se puede actuar impulsado por estos sentimientos, sino que es necesario un conocimiento de las cualidades de los valores para actuar rectamente.

Un saludo,
Gloria Clemente-Moreno Palacios

Carlos Martínez dijo...

En primer lugar, felicitar a todas las madres que comparten este blog y un saludo para el resto:
¡Ahora si que me has matado Consuelo! Tras tu intervención en el blog, (en la que ayudas a Susana), aclaras el verdadero sentido de los valores sobre los que trata Spaemann, y he de reconocer que yo había entendido lo mismo que Susana.
Según tu comentario, apuntas que debemos jerarquizar los valores en su realidad y no en sus ideales, sin embargo, soy incapaz de diferenciar el valor en su realidad en la situación en la que se encuentra el Rey David hacia Betsabé, ¿no es eso un sentimiento?
No entiendo esa diferencia en el caso concreto que relata el autor. Si pudiese aclarármelo alguien…
Un saludo.
Carlos Martínez

Maria Antonia Pedra Lucia dijo...

Buenas tardes, después de leer los capítulos tres y cuatro del libro, he decidido hacer un pequeño resumen del tercer capítulo, centrándome en los valores.
Una persona que solo se interesa por sí misma no puede ser feliz. Por eso, la formación, la creación de intereses objetivos, el conocimiento de los valores de la realidad, es un elemento esencial para una vida lograda. No se pueden captar los valores por sí solos sino tan sólo en los actos de preferir o preterir.
La vida de una persona se compone de una serie de estados que se suceden con el tiempo, y éstos tienen que estar unidos, porque ser feliz es significa armonía y amistad con uno mismo, esto incluye que debemos poder querer. La capacidad de conocer valores crece si uno está dispuesto a someterse a ellos y a estos valores se llega por la experiencia y la práctica, por tanto, los valores más altos en nuestra jerarquía son los que más alegría y gozo nos producen (para llegar a estos nos hace falta más atención y disciplina, porque son los valores que más cuestan de adquirir, por tanto, tenemos que trabajar para conseguirlos).
Hay dos características que obstaculizan los valores que son la apatía y la ceguera de la pasión (conlleva a la pasión y ésta nos puede llevar a tener impulsos de ira y compasión, por tanto hay que aprender a dar la adecuada respuesta a éste valor, la pasión).
¡Saludos a todos!

Oihana dijo...

Buenas tardes:

(Oihana Rodríguez Zarandona, educación infantil)

Este capitulo me ha costado bastante entenderlo,asíque no se si lo que voy a escribir estará muy bien.

Quería comentar la distinción que hace entre places y alegría. EL placer y la alegría siempre nos la cauda algo, y por ellos llegamos a ese sentimiento. Del placer viene la alegría, algo nos cauda la sensación de bienestar, y ese algo nos saca la alegría. En cambio de la alegría no se saca nada, como dice el autor: “Sacar provecho de algo es exactamente eso, alegrarse de algo”.

Dentro del placer tienen mucha importancia los valores. Todos poseemos unos valores que hacen que sepamos cuales son las cosas que están bien y cuales las que están mal, y de ahí viene el placer. Los valores hay que formarlos para poder llegar a alcanzar el existo con uno mismo y poder comunicarla con los demás. Pero hay que tener en cuanta que hay dos obstáculos para los valores, que son, la apatía y la ceguera, ya que no captan la jerarquía de los valores.

Un saludo

Laura Hernán dijo...

Hola a tod@s! Soy Laura Hernán, alumna titulada de L.E.
De la lectura del capítulo 3 he extraído una serie de ideas, las más importantes desde mi punto de vista, relacionadas con el interés, la felicidad y la alegría y los valores.

*Comencemos hablando de la felicidad y la alegría; lo que verdaderamente deseamos es una felicidad que se apoye en la realidad. Lo que diferencia las más altas especies de placer de las más bajas es la alegría, y no el placer. De la alegría o se saca nada, sacar provecho de algo significa justamente alegrarse de algo. La alegría es lo máximo que se puede sacar de una cosa.
*Lamamos valores a los objetos o contenidos de los sentimientos apuntados. El contenido valioso de la realidad se nos patentiza en los actos de alegría y tristeza, veneración y respeto, amor y odio, temor y esperanza.
*Llamamos formación al proceso de sacar al hombre su encierro en sí mismo, típicamente animal, a la objetivación y diferenciación de sus intereses; y con ello, al aumento de su capacidad de dolor y gozo. La educación tiene como tarea enseñar al hombre a tener intereses.
*Captación de valores: no es posible captar aisladamente cada uno de ellos; existe una jerarquía objetiva. La formación del sentido de los valores, del sentido de su jerarquía, es una condición para el éxito de la vida individual y para la comunicación con los demás.
Día a día tienen lugar en la realidad innumerables acuerdos gracias a que los interlocutores disponen de ciertos conocimientos o ideas comunes sobre el rango y peso de los intereses que están en discusión se plantea la cuestión de “qué interesa”. En casos como éste, queda claro que el valor se antepone al placer.
Hay dos características que son obstáculos para los valores: la apatía y la ceguera de pasión; el apático no capta en su verdad la jerarquía de valores, al igual que el cegado por la pasión.

Un saludo.

Ana Vicente Martín. Ed.Física dijo...

Buenas tardes a todos;

El autor da un paso más en su reflexión sobre lo que hace buena una vida. El principio del placer y el de realidad describen muy bien en qué consiste nuestro último fin. Ya el uso lingüístico las diferencia. Generalmente se habla de alegría y no de placer. La alegría es lo máximo que se puede sacar de una cosa. Las sensaciones placenteras las causa algo, en cambio la alegría tiene un objeto, un contenido. Existen tantos tipos de alegría como contenidos de esa alegría se den.
Spaeman habla a continuación de los valores, que son los objetos o contenidos de los sentimientos apuntados. El contenido valioso de la realidad se aprecia en los actos de alegría y tristeza, veneración y respeto, amor y odio, temor y esperanza.
Estos contenidos valiosos no son accesibles a la vez y desde el principio, lo hacen paulatinamente y en la medida tan solo en que uno aprende a objetivar sus intereses.
Formación es el proceso de sacar al hombre de su encierro en sí mismo, a la objetivación y diferenciación de sus intereses y, con ello, al aumento de su capacidad de dolor y de gozo. Hay algo fundamental que es enseñar a los hombres atener intereses. La formación, la creación de intereses objetivos, el conocimiento de los valores de la realidad, es un elemento esencial para una vida lograda.
La formación del sentido de los valores, del sentido de su jerarquía, de la capacidad para distinguir lo más importante de lo menos, es una condición para el éxito de la vida individual y para la comunicación con los demás.
La vida individual se compone de una serie de estados que se suceden en el tiempo. Cuando nuestros estados y comportamientos son sólo función de estímulos casuales y externos, y de los humores interiores; y cuando no se fundan en el conocimiento de un orden objetivo, entonces falta la base para conseguir la unidad y el acuerdo con nosotros mismos. Y en ese caso tampoco habrá armonía con los demás.
Día a día tienen lugar en la realidad acuerdos gracias a que los interlocutores disponen de ciertos conocimientos o ideas comunes sobre el rango y peso de los intereses que están en discusión, y merced a que no plantean tan sólo la cuestión “de quién” son los intereses en juego, sino también la cuestión “qué” interesa.
Quién está dispuesto a aceptar esa manera de entender el valor que se opone a su inmediata satisfacción, es capaz de lo que se llama una acción valiosa. El conocimiento de los valores no se alcanza por el discurso o la enseñanza, sino por la experiencia y la práctica.
El carácter apremiante de los valores está casi siempre en razón inversa a su altura, los que producen más gozo requieren cierta disciplina para ser captados, una atención más profunda, y esa atención es la actividad. Todo lo que esté ligado a una actividad causa mayor y más profundo gozo.
Hay dos propiedades o características que son obstáculos para los valores: la apatía y la ceguera de la pasión. El apático no capta en su verdad la jerarquía de valores. La pasión nos manifiesta un valor o desvalor. Pero a la vez nos desfigura las proporciones en que deben ser contemplados. Quien actúa por pasión, no actúa movido por los valores, sino por su egoísmo.
La pasión nos descubre valores, pero no su jerarquía. Ésa es la razón que aconseja no obrar a impulsos de la ira. Esta no nos enseña qué hay que hacer, nos seduce para una nueva injusticia.
Lo mismo se puede decir de la compasión: nos hace ver el sufrimiento ajeno, pero no nos enseña lo que hay que hacer.
La pasión viene y va, pero permanecen las cualidades de los valores que se nos revelan gracias al sentimiento de los valores. Quien sólo puede actuar por pasión no hará justicia a la realidad. La ira desaparece, pero quizá es necesario aún pelear durante años contra una determinada injusticia. Algo similar vale para el amor. La pasión nos pone tan sólo en una primera relación con el valor, pero no por eso crea ya la adecuada respuesta a ese valor.

Saludos

María Frago Pérez dijo...

El dirigirse a aquello que realmente queremos debe llevarnos a una vida auténtica. Para que todo sea auténtico y no un ideal, es preciso conocer qué es el hombre, conocernos a nosotros mismos y conocer la realidad que nos rodea. Si hago o deseo algo bueno en sí mismo, es que es bueno para mí, y por lo tanto debo encontrar una satisfacción,de lo contrario, si lo bueno no da una satisfacción, no iré tras ello.

Por todo esto, el educador tiene un papel fundamental en educar a los alumnos en lo que es auténtico, lo que realmente es bueno, y hacer que se sienta atraído por lo bueno. Se ha de entusiasmar al alumno con los valores, pues una vida sin pasión, no es una vida buena. El por qué de las cosas que hago es lo que me mueve y justifica mis acciones.

Eva dijo...

Hola, soy Eva Gayo, tit.L.E.

Me resulta muy interesante la idea de que la formación como el proceso que implica sacar al hombre de su encierro en sí mismo, crear en él nuevos intereses, y que tiene como repercusión aumentar su capacidad de dolor y de gozo.

También me gusta cuando habla sobre las acciones valiosas: sólo se pueden alcanzar cuando uno está dispuesto a aceptar que los intereses forman parte de una jerarquía donde están los propios y los de los demás.

Uno debe además estar dispuesto a no querer una inmediata satisfacción. Muy interesante, hoy, que lo queremos todo aquí, ahora, ya. Me recuerda a la importancia de la educación de la voluntad y, especialmente, del apetito irascible.

Saludos a todos.
Eva.

María del Rey Barba Titulada dijo...

Buenas a todos, quiero centrarme en este capitulo en la diferencia que hace el autor entre placer y alegria. Esto se ve claramente en la sociedad actual. Cuánta gente nos encontramos que lo tiene todo, que no se puede quejar y no es feliz. Cuantas parejas basan su relacion en el placer y realmente no se sienten felices. Y es que el placer no lo es todo.
Que ocurre con esas personas, que abundan, que solo buscan su propio interes y asi ¿como va a marchar el mundo? ¿irá en algun momento en la misma direccion, hacia un futuro mejor?
El placer no es malo, Dios creo al hombre y también el placer. Lo malo es equiparar el placer ala felicidad.
Alegria: cuanta gente sufre de multiples dolores, desgracias, de todo y no pierde la alegria. Con cosas como estas esta demostrado que el placer y la alegria no es lo mismo.

Eva dijo...

Hola, soy Eva Gayo de nuevo, y voy a tratar de contestar a Carlos Martínez.

Aunque inicialmente captemos la realidad a través del sentimiento, esta no es la forma que Spaeman considera adecuada, es decir, a través de los valores.

El rey David actuó movido por el sentimiento: el amor hacia Betsabé, la pasión, el egoísmo, la ceguera de la ira… Su jerarquía de intereses era errónea: pensó que era más importante poseer a Betsabé a que Urías siguiera viviendo.

Si el rey David hubiera actuado correctamente, lo habría hecho no partiendo de sus sentimientos, sino de una aprehensión de la realidad más distante, más ecuánime, objetiva -dirían algunos. Formada, educada, para entendernos.

Spaemann dice que una acción es valiosa cuando uno acepta que el valor (el buen obrar, el hacerlo con justicia) a veces se opone a su inmediata satisfacción (matar a Urías, dejarse llevar por las pasiones).

A mí todo esto me recuerda una y otra vez a la necesidad de educar la voluntad y los apetitos.

En fin, no sé si con esto aclaro algo, o lío más. Al menos lo he intentado.

Buenas noches a todos.

Toya de la Cruz dijo...

Hola, soy Toya de la Cruz:

Me ha sorprendido gratamente la referencia constante a "la realidad, lo real...". Dice el autor que lo que deseamos es una felicidad que se apoye en la realidad. Por supuesto, estoy de acuerdo con la afirmación, pero me lleva a pensar: ¿cómo conseguir la felicidad en un mundo donde prima lo virtual, lo subjetivo...?
A la hora de formar a una persona, de ayudarla, una gran dificultad es que no sabe situarse en la realidad, no reconoce quién es, qué quiere, qué medios está poniendo para conseguirlo... Muchas personas viven en un mundo totalmente virtual, mentiroso, donde pueden reinventarse, jugar a ser otra persona... También se presenta la situación de alguien que quiere algo y cree que está poniendo todo de su parte, pero no es objetivo. Por ejemplo, desde el que piensa que ha estudiado mucho para un examen, y simplemente se ha dado un atracón la víspera, hasta el marido/mujer que cree haber hecho todo lo posible por su matrimonio, cuando realmente es un egoísta.
En resumen, es difícil alcanzar la felicidad sin enfrentarse a la realidad y a la verdad.
E incluso pienso que quizá algunas personas no luchen por alcanzar la verdadera felicidad, porque no la conocen. Como un pobre, que es feliz si un día come mucho -aunque sean desperdicios-, y que no ansía otros manjares porque no los ha probado.
Por lo anterior creo que una parte de la formación está en conseguir que nuestros alumnos experimenten el GOZO REAL que se obtiene con la posesión de algunos bienes. La alegría al contemplar el fruto de su trabajo bien hecho, que puede ser una suma o un dibujo. La alegría experimentada al perdonar y sentirse perdonado,... Ayudarles a:
1. conseguir pequeños y grandes logros y
2. reflexionar acerca de la felicidad que obtienen. Y, en este segundo punto, que vean que la felicidad es mayor cuanto mayor es el valor de lo conseguido y que lo que vale mucho cuesta mucho.
Que comparen la felicidad real de una tarde con amigos, y la que da la virtualidad de "facebook", donde es fácil el triunfo.
La felicidad es como una "droga", cuando se ha probado la buena ya no se conforma uno con pequeños placeres o bienestares. Y, si lo hace, el recuerdo de lo perdido le puede llevar a reaccionar.
Con lo anterior podríamos remover el obstáculo de la apatía, pero el de la ceguera de la pasión me parece más difícil. Si Esaú hubiera valorado mejor la bendición y la herencia de su padre, a través de una experiencia más cercana de qué suponía, quizá no las hubiera vendido. Sin embargo, ¿cómo salvar a David de la ceguera que produce la pasión? David es un hombre bueno y con formación, pero no ve la realidad.
Nuestros alumnos suelen tener muy poco dominio de sí mismos, porque no están acostumbrados a tener muchos límites. Me parece que quizá la solución bíblica nos pueda servir. Seamos su Natán, mientras podamos, y enseñémosles el INESTIMABLE VALOR de tener siempre cerca alguien que te diga la verdad, la verdad que no quieres oir.
El tema es apasionante, pero ya seguiré con el próximo capítulo.
Un saludo,
Toya.

Cristina Reus dijo...

Buenas a todos y todas

Cuando hablamos de placer verdadero nos referimos a aquel que se manifiesta a través de la alegría y el gozo. Pero, para ello se requiere formación previa; ser educados para el placer:

- Esto nos permitirá tomar perspectiva, salir fuera de uno mismo, tomar distancia...
Con formación adecuada los jóvenes aprenderán a valorar objetivamente las situaciones a través de nuestra experiencia y criterio. Así podrá producirse armonía con los demás.
- La educación les permitirá saber jerarquizar sus valores.

Pero, ¿qué es lo que realmente queremos?
Felicidad; pero felicidad real, no ilusoria.

Como han comentado algunos de mis compañeros, el éxito debe estar unido a una armonía con uno mismo aceptando los valores opuestos a la satisfacción (apatía y ceguera de pasión).

Nosotros, como educadores, debemos ayudar a nuestros jóvenes a que adquieran interés por las cosas para vencer al pasotismo y a la apatía, y responsabilidad frente a los actos para evitar la ceguera de pasión.

Saludos

Cristina Reus

Anónimo dijo...

María Antonia Díez Miguel, Primaria.
Un saludo a todos.
Me está ayudando mucho la lectura de Robert Spaemann, así como los comentarios de mis compañeros.
Deseo poner el acento, en:
La pasión nos manifiesta un valor o un desvalor. Pero a la vez nos desfigura las proporciones en que deben ser contemplados. Así pues, quien actúa por pasión, no actúa movido por los valores, sino por su egoísmo. Se afinca en su perspectiva de las cosas, en vez de ponerse en el lugar de las cosas.
La pasión nos descubre valores, pero no su jerarquía. Ésa es la razón que aconseja no obrar a impulsos de la ira.
La ira no nos enseña qué hay que hacer.
La pasión viene y va. Pero permanecen las cualidades de los valores que se nos revelan gracias al sentimiento, a menudo pasional, de los valores. Quien sólo puede actuar por pasión no hará justicia a la realidad.
La relación entre amor y fidelidad descansa en que lo que, al comienzo, era tan sólo una pasión, capta poco a poco lo profundo de la persona y compromete su libertad en lugar de darle alas. La relación pierde el carácter de fortuna casual y los enamorados no están ya abocados a esperar si su amor les abandonará o se reforzará. Saben que esto no ocurrirá porque no lo desean y porque el amor se ha apoderado de su libre querer, o porque su libre querer ha captado el amor. La pasión nos pone tan sólo en una primera relación con el valor, pero no por eso crea ya la adecuada respuesta a ese valor.

Espero que tras estas lecturas y su trabajo sepamos descubrir "el valor" y seamos generosos para dar la adecuada respuesta a ese valor.

Un saludo

Carmelo Añón Atienza dijo...

Me ha gustado mucho este capítulo de Spaemann y creo que un buen resumen del mismo sería lo que señala en la página 53: "la formación del sentido de los valores, del sentido de su jerarquía, de la capacidad para distinguir lo más importante de lo menos, es una condición para el éxito de la vida individual y para la comunicación con los demás".

En el inicio del capítulo, al tratar del placer, señala a modo de ejemplo cómo oír a los Rolling o a los Beatles produce un gozo distinto. Y posteriormente, cuando desarrolla la jerarquía de valores, explica cómo la televisión, que requiere un mínimo esfuerzo, no puedo darnos el mismo placer que la lectura de un libro, que exige una mayor disciplina.

Traigo ambos ejemplos porque considero que la educación artística del niño es tremendamente importante en los primeros años de la Primaria y es una forma muy gráfica de que el niño entienda esa jerarquía de valores. En el capítulo también señala cómo se percibe de un modo distinto una exposición de arte moderno cuando se conoce esta corriente o cuando se pasa de largo por delante de los cuadros. O cómo se disfruta de un buen vino cuando el que lo bebe tiene conocimientos de enología. En la medida en que conocemos, apreciamos más lo que conocemos (por eso nos interesamos por la vida de nuestros amigos y cuanto más los conocemos, más los queremos). Y en la medida en que nos esforzamos más por conseguir algo, más lo valoramos (esto lo entienden muy bien los montañeros: no es lo mismo llegar a la cima andando que en helicóptero, por mucho que el paisaje sea el mismo para todos).

Jaime Duque de San Juan dijo...

Hola a todos:
Después de haber leido el capítulo así como así como alguno de vuestros comentarios, querría centrarme en dos conceptos en los cuales os habéis centrado: placer y felicidad. Ambas cosas pueden ser confundidas a primer vista y sin embargo son bien distintas si nos paramos a pensar en ellas. El placer, en primer lugar,pienso que pertenece más al mundo de los sentidos. El placer viene a ser el reclamo que utiliza el cerebro para conseguir aquello que le falta. Por el contrario, la felicidad es otra cosa distinta al placer, si bien está íntimamente unida a éste. Se podría decir que la felicidad es el estado que sigue a la consecución del placer, es decir, la felicidad comienza cuando uno se siente satisfecho, cuando el placer ha terminado y no sentimos necesidad de alcanzar estado alguno distinto al que nos encontramos.
Hablamos de dos conceptos que como habéis comentado algunos, no pertenecen a la realidad. Son ilusorios. Pienso que son estados momentáneos de las personas.
Las cosas que verdaderamente nos aproximan a la felicidad están muy lejos de los valores materiales o monetarios. Así pues, el camino de la felicidad comienza en un estado de bienestar personal y en una ausencia de “necesidades materiales” para dirigirse inmediatamente hacia afuera de nosotros y proyectarse en las acciones orientadas a los demás, orientadas a la luchar por la felicidad de los otros.

Un saludo

Jaime Duque de San Juan
Titulado Educación Primaria

Anónimo dijo...

¡Hola a todos!
Soy Mª José Bernardo Gómez, alumna de Educación Primaria. Sobre el capítulo III: Formación o el propio interés y el sentido de los valores, voy a destacar lo siguiente:
El hombre desea una felicidad que se apoye en la realidad. La verdad es que tanto el principio de placer como el de realidad son dos abstracciones que ni aisladamente ni en su mutua relación describen adecuadamente en que consiste nuestro último fín.
Hablamos generalmente de alegría y no de placer. Podemos estar en un estado de placer, encontrándonos al mismo tiempo en una situación depresiva, y al revés, podemos vivir intensamente alegres teniendo a la vez dolores físicos. Destacando que el depresivo no saca provecho del placer obtenido, mientras que quién se alegra lo hace sin que tenga sentido preguntarse qué provecho saca de la alegría, es evidente que clase de bienestar es más importante. La alegría es lo máximo que se puede sacar de una cosa.
El contenido valioso de la realidad se nos patentiza en los actos de alegría y tristeza, veneración y respeto, amor y odio, temor y esperanza.
La educación tiene como tarea enseñar a los hombres a tener intereses, a interesarse por algo; pues quien a aprendido a defender sus intereses, pero en realidad no se interesa por nada más que por él, no puede ser ya más feliz.
La formación del sentido de los valores, del sentido de su jerarquía, de la capacidad para distinguir lo más importante de lo menos, es una condición para el éxito de la vida individual y para la comunicación con los demás.
La capacidad de conocer valores crece si uno está dispuesto a someterse a ellos, y disminuye cuando no se da esa disposición. Ese conocimiento de los valores no se alcanza ante todo por el discurso, o la enseñanza, sino por la experiencia y la práctica.
Hay dos propiedades o características que son obstáculos para los valores: la apatía y la ceguera de la pasión.
Quién actúa por pasión, no actúa movido por los valores, sino por si egoísmo.
La pasión nos descubre valores, pero no su jerarquía. Esa es la razón que aconseja no obrar a impulsos de la ira.
Por otra parte, la compasión nos hace ver el sufrimiento ajeno, pero no nos enseña lo que hay que hacer. Lo importante es que la conciencia de la necesidad de ayudar a los demás sobreviva al arrebato pasional de la compasión.
La pasión nos pone sólo en una primera relación con el valor, pero no por eso crea ya la adecuada respuesta a ese valor.
Un saludo.