Sobre el cambio de fecha de examen

Estimados alumnos: como sabéis sois muchos y las aulas tienen espacio limitado.
Para poder solvertar las dificultades de INCOMPATIBILIDAD, cada alumno dispone -previa consulta- de dos fechas pero ambas dentro de la misma semana. Es decir, los alumnos de Lengua extranjera podrán hacer el examen en la fecha de los alumnos del grupo mixto y viceversa, pero en ningún caso en la fecha de los alumnos ordinarios.
Esas fechas son:
Jueves 27 de mayo, 3,30 h (Lengua Extranjera)
Viernes 28 de mayo, 9,30 h (Grupo Mixto)
Muchísimas gracias

Notas


Tenéis este sitio para que podáis resolver entre vosotros las cuestiones que "conviene saber del tema 1".
En este otro sitio, podéis resolver lo que corresponde al tema 2.

Según me habéis dicho algunos, os ayudaría poder trabajar de modo análogo a Antropología I.

lunes, 17 de mayo de 2010

La serenidad

Todo llega a su fin: también los comentarios a estos dos magníficos libros.

Paso a señalar algunos lugares de interés de este último capítulo.
1. Consta en este capítulo la intimísima relación existente entre el "carácter inmanente del ser vivo" y "el vivir ético", es decir, la relavancia antropológica de esa nota metafísica de todo ser vivo.
2. Realismo ético: libertad con un punto de partida y libertad que configura la propia vida. Estas tesis superan con mucho la propuesta roussoniana relativa a la espontaneidad de la libertad; como también la falacia de la libertad como autonomía, en su referencia al orgien (partimos de algún sitio), y en su referencia al fin (nos dirigimos a la relación interpersonal, a la no-autonomía, a la no-independencia).
3. Responsabilidad, superación de toda frivolidad, necesidad imperiosa de "decidir atendiendo a lo real": "la propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actual. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertirá en destino".
4. Las cosas más relevantes de nuestra propia biografía no son "elegidas", sino que "nos las encontramos". Cierto que nuestras decisiones son relevantes, pero se entrecurzan con otras tantas circunstancias no elegidas. O desesperamos de la relevancia de nuestras decisiones -todo queda sumido en el devenir histórico que está fuera de mi dominio-, o "acepto", "asumo" el sentido de lo que no elijo, pero "encuentro en el camino".
La cuestión es ¿Qué postura adoptar ante lo que "sucede"? Fanatismo, cinismo y serenidad.

En cuanto al cinismo, en primero os dije (creo) que los cínicos me dan miedo. La perspectiva que adopté respecto al cínico era la de su capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo. Aquí la mentira es "posición existencial" frente a la realidad. Tal vez se entienda aún más por qué hay que "huir" del cínico -Spemann propone combatirlo si se dedica a hacer daño-.

44 comentarios:

Anónimo dijo...

María Sánchez-Beato Solera

Serenidad o actitud ante lo que no podemos cambiar.
Spaemann aborda en este último capítulo algo de lo que la Ética no se ocupa, que es el destino. Los hombres al actuar, y lo hacen sin darse cuenta de que aceptan unas condiciones dadas, pueden cambiar esas condiciones. Nadie puede excusarse en el “es que yo soy así” por que esto no es una magnitud física inamovible. Se va cambiando con el tiempo aunque a lo largo de la vida encontremos fronteras. Cada palabra, cada acto, cada gesto nos modela de manera irrevocable, dice Spaemann. Cada uno de nosotros vamos formando el destino pero no lo tenemos en la mano. El hombre puede presentar tres opciones ante este destino: el fanático (aquel que no reconoce límites morales a su proceder), el cínico (aquel que sabiendo los límites los enmascara) o el sereno (aquel que acepta voluntariamente lo que él no puede cambiar). Esta última opción hace al hombre libre por que nada le puede suceder contra su voluntad. Siguiendo esto se presentan dos doctrinas, la estoica que enseña a no tener pasiones y la cristiana que antepone la resignación ante lo inevitable como verdaderamente humana. La persona serena actúa con firmeza, pero acepta la marcha de las cosas y admite el fracaso. La serenidad no es pasividad sino afirmación de una realidad que puede ser modificada. La serenidad es una propiedad del hombre feliz y los mayores deben dejar a los jóvenes una herencia en la que puedan sentirse a gusto y encontrar la felicidad. “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma” cita Spaemann, como reflexión final, al filósofo Espinosa.

Un saludo,
María.

Anónimo dijo...

Hola soy Mª Libertad Pérez Lobo (Lengua Extranjera). Hablaré sobre el capítulo 8, y esta será mi última entrada en el blog. Está claro que todos nuestros actos, acciones…no son individuales, sino que forman parte de un todo, y ese todo es nuestro destino. Tenemos libertad para guiar nuestras acciones en función de nuestro destino, y con ello creo que no podemos modelar nuestro destino continuamente según como actuemos en cada momento, ya que no sabemos de antemano las consecuencias de nuestras acciones a largo plazo. Hay diferentes grupos que explican el sentido del destino del hombre a su manera, y así encontramos los fanáticos para los que cada uno según sus acciones crea su destino, también los cínicos, según los cuales son los más fuertes los que eligen su destino, y ambos (fanáticos y cínicos) coinciden en que la realidad que mueve nuestras acciones no tiene sentido, sino que son nuestras acciones las que configuran la realidad. Y por último tenemos la serenidad, una actitud que toma quién acepta los límites de la realidad, y por lo tanto se acepta a sí mismo. Tener en cuenta sobre éste último punto que hace referencia a la serenidad, que pese a que los estoicos enseñan la serenidad ante el destino, el ideal supremo para ellos era la ausencia de dolor y pasión, decían que había que actuar por pura razón moral; por otro lado, los cristianos también enseñan la serenidad ante el destino, pero al contrario que los estoicos, aceptan los fracasos como parte del destino y de la realidad.
Concluyo diciendo que “la aceptación de la realidad de manera serena nos lleva como hombres a vivir de forma amistosa con nosotros mismos y con los demás, lo cual da como resultado una vida feliz”.
Por último agradecer la cantidad de comentarios que se han ido escribiendo a lo largo de las semanas, leerlos es de gran ayuda, por la gran cantidad de aportaciones distintas a un mismo tema que se expresan en cada uno de ellos. Gracias a todos por vuestra participación, a sido una grata experiencia.

Tania dijo...

Hola a todos soy Tania Amor Pérez de lengua extranjera.
Voy a comentar brevemente el capitulo VIII.

El capitulo VIII empieza poniendonos una frase que escribio Hegel que dice: "el comienzo, el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino".
Cada persona debe responder sobre si mismo, tanto si actua bien como si no lo hace.
Cada hombre goza de libertad y sabe que al actuar acepta ya su destino ( tanto el pasado como el futuro).

Es también importante destacar la actitud razonable del hombre frente al destino, tal como nos ha enseñado la filosofía de todos los tiempos.
Fueron los filósofos de la Stoa quienes primero desarrollarón la doctrina de la serenidad del hombre. La confianza Y la resignación ante lo inevitable ( no se trata como un fatalismo cuando la persona ha llegado hasta el límite y no ha dejado de intentar llegar mas allá).

El buen comportamiento de las personas también es un punto a destacar, él nos lleva a la confianza, la cual nos lleva a pensar que hacer el bien lleva al bien (en general, a largo plazo y si no se destruye su sentido inmanente con la marcha del mundo) y por eso y solo por eso tiene sentido la acción buena.
Todo esto lo podemos creer si tenemos claro que el mal no esta bien.
Debemos aceptar la realidad como es, para que toda persona pueda vivir amistosamente con los demás y cosigo mismo.

Anónimo dijo...

Un cordial saludo para Consuelo y compañeros.
María Antonia Díez Miguel. Primaria.
Serenidad. Es muy importante que el hombre mantenga una correcta relación con aquello que, es como es.
Nuestra actividad viene configurada continuamente por nuestras acciones. Mis actos buenos y malos me hacen. Nuestra actividad anterior reviste para nosotros el carácter de destino. Todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable.
Actuar significa siempre desasirse de sí, despreocuparse de sí y de las propias intenciones. ¿Qué relación establecemos con lo que sucede?. Después de conocer el fanatismo, el cinismo y la serenidad, escojo ejercitarme en la serenidad. Porque el fanático se queda centrado en sí mismo y afirma que no hay más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Su contrarío, el cínico, renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. En el fondo los dos están de acuerdo, en que la realidad que rodea nuestras acciones no tiene sentido.
La actitud razonable del hombre frente al destino, es la serenidad. Es la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar; acepta los límites. Lo que no podemos modificar ocurre de todos modos, por eso debemos estar a buenas con ello. Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo. Y sin amistad consigo mismo, no puede darse una vida recta.
Es bueno recordar el testimonio de Job, que se apoya en que la realidad debe estar llena de sentido. Pero él no puede descubrirlo, al final capitula ante el poder de Dios. El testimonio de Jesucristo también es muy distinto; en su angustia mortal, ruega por su vida añadiendo después… “no se haga mi voluntad sino la tuya”.
La disposición de quien actúa es la de aceptar también como llenos de sentido sus fracasos.
Ninguna ayuda, ninguna actividad social puede tener otro sentido que ayudar a los hombres a descubrir que vale la pena vivir. Porque se dan condiciones de vida en que ese descubrimiento es casi imposible.
La serena aceptación de la realidad es, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; una vida feliz.
La persona feliz tiene la necesidad natural de comunicar su felicidad. Y la alegría participada es, como se sabe, doble felicidad. La serenidad es una propiedad del hombre feliz.
En palabras de Espinosa: “La felicidad, escribe, no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”.
A todos, con el más sincero cariño os deseo un obrar feliz. Un saludo

María Antonia Díez Miguel

NOTA: muchas gracias a todos por vuestras aportaciones, en estos meses de estudio.

Noelia Conesa Peñalver. Educación infantil dijo...

Hola a todos:
Hemos intentado sacar conclusiones sobre lo bueno, sobre aquello que se basa en el bien común, en el bien objetivo, dejando de lado nuestros intereses y que para ello es necesario no rehuir de nuestra conciencia, pues puede ayudarnos a saber lo que debemos hacer en cada momento, aunque ésta no siempre se encuentre dentro de la verdad. Vimos que la justicia es la ayudante del bien y que ésta es la virtud de aquellos que se encuentran en ventaja con el resto y que a su vez, ésta quedaba superada por la indulgencia, el perdón y la reconciliación, actos puros de bien.
Pues bien, en el último capítulo de la lectura de Spaemann vemos como son nuestros actos son los que realmente definen como somos, son nuestras acciones las que forjan nuestra personalidad, por lo tanto no es correcto que los actos que llevamos a cabo quedan justificados por la forma de ser de cada cual, que no tenemos más remedio que realizarlos de tal manera porque así es como somos y no se puede cambiar. Según como actuemos será nuestra vida, si luchamos por el bien podremos cambiar muchas circunstancias, estaremos labrando un tipo de destino. Y este destino no sólo es importante para nosotros, pues también será importante para nuestros alumnos, hijos, nietos y demás, es decir para los que vienen detrás nuestra.
Pero la vida no sólo se compone de lo que el ser humano elije, la vida también está compuesta por todos esos acontecimientos que no elegimos y a los que tenemos que hacer frente. Éstos forma parte de nuestra vida, parte de nuestra biografía y como tal debe ser aceptada y querida por ser constituyente de lo que somos.
Aquella persona que se empeña en cambiar su destino a fuerza de sus acciones, aún no conociendo el límite de la realidad y que considera que todo en su vida va a depender de lo que él haga, se convierte en un “fanático” que además, corre el riesgo de terminar siendo un “cínico” con lo que comenzará a tomarse la justicia de su mano entendiendo únicamente la ley del más fuerte.
El que se comporta con “serenidad” ante las circunstancias de la vida se convierte en una persona libre, que sabe que el sentido de la realidad penetra en el mundo irremediablemente y que él puede con sus actos ayudar a modificarla.
Si nuestra conducta se basa en el bien, crearemos una buena vida y si los acontecimientos que nos suceden y que no podemos controlar, son asumidos con serenidad, estaremos obrando felices y por lo tanto tendremos una vida feliz.
¡Muchísima suerte a todos!

Mercedes Martín - alumna titulada dijo...

En este último capítulo lo esencial se centra en la importancia de la serenidad como actitud ante lo que no podemos cambiar. Esto conlleva aceptar la realidad sin ser pasivos, siendo conscientes de que merece la pena vivir. De este modo, la persona serena actúa con firmeza, aceptando el sentido de la vida, de sus actuaciones, de sus fracasos, de sus experiencias,…

Me parece interesante la idea que Spaemann refleja cuando señala la diferencia de los hombres frente a los animales. Los hombres al actuar modifican las condiciones que enmarcan su comportamiento. La realidad es como es al igual que nosotros somos como somos.

Desde nuestra concepción no elegimos cómo y qué somos, es algo que no podemos modificar. Sin embargo, como humanos tendemos a justificar nuestros actos, sin pararnos a pensar que todo lo que hacemos nos modela de manera inevitable. Nuestra actividad configura nuestro destino. Por ello, me parece elemental reflejar a nuestros alumnos, a nuestros hijos,… la importancia del sentido de la vida (alejándonos del fanatismo y cinismo).

Nuestras primeras experiencias como seres humanos en esta vida son significativas para establecer un ajuste positivo con la realidad que nos toca vivir. Lo que hacemos o dejamos de hacer es irrevocable y forma parte de nuestra vida para siempre. Me pregunto en qué medida afectará el sentido de la vida y la actitud serena en aquellos que se han visto en la necesidad de sobrevivir en una ambiente, injusto a mi parecer, privado de estímulos favorecedores de un desarrollo normalizado, ausente de virtudes y valores encaminados a vivir una vida feliz. ¿Cómo podemos paliar las experiencias vividas? En definitiva, debemos partir de la idea de que nuestra vida tiene un sentido que merece la pena sentir, actuar, expresar y vivir.

Un saludo
Mercedes Martín del Barrio

Eva dijo...

Hola, soy Eva Gayo, tit.L.E.

SERENIDAD. Sólo con pronunciar esa palabra, uno ya siente paz. Aceptar la realidad. Asumir que hay cosas que no podemos cambiar, que son así. Cuántas veces a lo largo de la vida hay que echar mano de la serenidad. Y no sólo ante acontecimientos dramáticos–muerte de alguien querido; una catástrofe natural; injusticias…. También en lo pequeño y cotidiano la serenidad es importante ("me gustaría que estos niños entendieran a la primera lo que trato de explicarles, pero no es así, debo intentarlo de otra manera, emplear más tiempo, tener paciencia, no perder la confianza").

En este sentido, es importante la mención de la serenidad no como pasividad o renuncia al obrar, sino como afirmación de una realidad que merece ser modificada. Spaemann habla de que toda actividad social debe ir encaminada a ayudar a los hombres a entender que vale la pena vivir, cualquiera que sea la realidad en la que estén. Victor Frankl sabía mucho de esto.

Me gusta particularmente la idea de confiar en que el bien conduce al bien -como algo que da sentido a la acción buena- y que “el mal nunca triunfa”- idea que Spaemann engarza con la fe en Dios. Es cierto que, si no tuviéramos esa confianza, no tendría sentido el buen obrar.

Y por último, otra idea que merece la pena recordar siempre: la serena aceptación de la realidad es la condición para vivir feliz. Quien es feliz tiene, además, necesidad de compartirlo. Y la alegría participada es doble felicidad.

Así que ahí va mi deseo: ¡ALEGRÍA Y SERENIDAD para pasar lo que queda de este mes y el que viene, para todos!

Un abrazo,
Eva.

nuria muñoz dijo...

Hola atodos. Soy Nuria Muñoz (titulados). Comentaré sobre el capítulo 8:

No todo lo que hagamos influye en nuestras vidas de una manera definitiva, pues nuestros actos no son más que momentos parciales de un más amplio acontecer que es el destino .Nuestro actuar está cargado de significación pues es una manera de aceptar unas condiciones dadas de antemano que enmarcan esa actuación, y, en definitiva, nuestro modo de ser, nuestra biografía. Es decir, la realidad es como es, sin nosotros, e incluso, nosotros somos como somos sin poderlo modificar. No comenzamos a actuar desde cero, ni nuestra intervención determina la historia, pues hay causas externas a nosotros que ya están determinadas. El hecho de no poder controlar las consecuencias a largo plazo, nos ocasiona sufrimientos; pero éstos son también modos de acción, útiles y fructíferos, pues nos despojan de nosotros mismos y de nuestras propias intenciones, trascendiéndolas .Debemos situarnos en relación con lo que sucede para dar sentido a nuestra vida. El requisito para ello será afrontar las cosas con serenidad Con ella aceptamos voluntariamente, lo que no podemos cambiar, aceptamos los límites y nos ponemos a bien con ellos. Aceptar el destino es aceptarnos a nosotros mismos Lejos de esta postura se encuentran los fanáticos y apáticos, que creen que la realidad que rodea nuestras acciones no tienen sentido.
La persona serena actúa con firmeza, aceptando la marcha de las cosas con resignación y no con fatalismo.
Un saludo Nuria

sonia dijo...

Capítulo 8. 17 de mayo.
Hola a todos, soy Sonia Mejías.
Para concluir este blog, me centro en el tema 8 de nuestro libro.
La actuación de todo individuo, tiene unas repercusiones y consecuencias y él es el que tiene que responder sobre su comportamiento. Al actuar el hombre ya ha aceptado unas condiciones dadas. Para hacerlo hay que aceptar unas condiciones dadas de antemano propias del hambre, de su historia…
Cuando ponemos de escusa la típica frase de: “yo actúo así, porque soy así”, es una manera de enmascarar nuestras acciones. De culpabilizar a nuestra manera de ser por una actuación que nosotros hemos querido llevar a cabo, y es totalmente al revés con nuestros actos estamos reforzando nuestra manera de ser. Cada manera de obrar, de llevar algo a cabo, a lo largo de nuestra vida nos está marcando, está escribiendo nuestro destino.
Nos situamos en una consciente y expresa relación con lo que sucede y lo incorporamos así al sentido de nuestra vida. Según su opinión hay tres posibilidades:
- el fanático: es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
- cínico: es el que no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
-la serenidad: es aquel que acepta los límites, de esta forma se está a gusto consigo mismo, ya que nuestra propia existencia es destino. Quien no acepta el destino, no se acepta a sí mismo.
De ahí que la persona serena actúa con firmeza. La serena aceptación de la realidad es, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo.
Un saludo.
¡¡mucha suerte a todos con los exámenes!!

Oliva Luengo Morillas dijo...

Hola buenas tardes a todos compañeros, soy Oliva Luengo Morillas, alumna titulada de Lengua Extranjera.

Hegel decía que el comienzo de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino.
Sin embargo, ¿Porqué aquello sobre lo que no podemos influir es objeto de reflexión? El hombre, al comenzar a actuar ya ha aceptado el destino, puesto que para el hombre no existe acción que no tenga consecuencias.

Los hombres, al actuar, modifican las condiciones que enmarcan su comportamiento (es lo que llamamos historia). El decir “es que soy así” no es una magnitud fija que determine nuestra actividad, sino que se va configurando por nuestras acciones.

No podemos controlar las consecuencias de nuestros actos a largo plazo pero el actuar significa el ir despreocupándose de sí y de las propias intenciones. El tema señala tres posibles posturas para adoptar ante todo lo que sucede.
- El Fanático: es aquel que piensa que no existe mas sentido que el que nosotros damos y ponemos. Un fanático no está dispuesto a aceptar su impotencia ante la justicia.
- El Cínico: es el que renuncia al sentido y cree en el derecho del más fuerte. Para ellos la justicia sólo existe entre los que tienen fuerzas semejantes.
- La Serenidad: es la actitud razonable del hombre frente al destino. Por Serenidad se entiende la actitud de aquella persona que acepta voluntariamente lo que no puede cambiar. Filósofos como Epicteto y Séneca decían que quien asume voluntariamente lo que de todos modos sucede, nada le puede suceder contra su voluntad.

Ante esta situación, la disposición de quien actúa es la de aceptar también sus fracasos.
La persona serena actúa con firmeza, pero ha tenido que aceptar que la marcha de las cosas a la vez que posibilita su actividad también hace posible su fracaso.
En este ámbito, serenidad no significa pasividad sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola. La serenidad es una propiedad del hombre feliz.

Podemos terminar concluyendo con una frase de Espinosa: “La Felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”.

Muchas gracias. Un saludo

Unknown dijo...

Mª del Mar Losada García. Lengua Extranjera

En este último capítulo Spaemann nos habla del destino y de las tres formas que tiene el hombre de enfrentarse a él que son el fanatismo, el cinismo y la serenidad.
Es destino nuestras acciones pasadas, nuestras acciones futuras y sus consecuencias e incluso si no actuásemos también sería destino; nosotros somos destino a las otras personas con las que nos relacionamos y viceversa.
En el fanatismo se da la idea de que sólo importa lo que el fanático da y pone, no pone límites morales a su forma de actuar porque sólo con esta forma tiene sentido el mundo.
El cinismo se basa en el poder y el derecho del más fuerte.
Por suerte, está la serenidad, que es la aceptación de la realidad que está fuera del alcance de la persona; no puede controlarlo así que no le queda más remedio que aceptarlo como venga porque ya ha luchado contra todo para poder actuar sobre él y no ha podido, se ha resignado a que suceda y lo acepta voluntariamente; y desde ese momento de aceptación de lo que irremediablemente va a suceder nada de lo que ocurra va a ir en contra de la voluntad de la persona serena.

Saludos,

Mar Losada

Gema Valldecabres dijo...

Hola a todos,
Soy Gema Valldecabres, tutulada en Infantil.
Spaeman termina su libro ensalzando la actitud de serenidad del hombre ante la vida, Frente el cinismo y el fanastismo. Serenidad significa orden, reflexion, aceptacion y por tanto ser oportuno en cualquier circunstancia. Pienso que esa persona seria la del grupo de CONTEMPACION que nos hablaba Consuelo; persona que utiliza su inteligencia para conocer su realidad y la de los demas y ejerce su VOLUNTAD, para llevar a cabo esa realidad, su conciencia. Esta persona es justa y equilibrada. Es la persona mas valorada y autoritaria. Se dice que tiene mas personalidad, que es mas persona.
Sin embargo el fanatico no tiene la realidad o la verdad y utiliza su voluntad de manera injusta. Se dice que es una persona desequilibrada.
El cinico es un injusto consigo mismo porque su voluntad no obedece a su propia realidad o conciencia. Aqui tambien hay desequilibrio.
Gracias

Laura Fdez Fdez dijo...

Hola a todos,
Soy Laura Fdez Fdez, de L.E.Titulados y quería hacer mi última intervención en este blog comentando sobre la libertad de la que habla Spaemann en este capítulo.

Se puede considerar en el sentido de que ha de corregirse un determinado concepto de libertad. Ante todo, Spaemann piensa que el eclipse de la idea de Dios supondría al mismo tiempo el de la idea de la libertad. Por eso pienso que no se trata tanto de un corregir la idea de libertad, como de fundamentarla. También se puede ver cómo se niega la idea de libertad en el materialismo moderno. De acuerdo con él, el hombre no es libre. Lo más sorprendente de esto es que quienes discuten la libertad del hombre en el campo de la teoría, de la ontología y de la ciencia, en la práctica proclaman con énfasis esa libertad, al tiempo que reclaman para sí una autonomía ilimitada y una ilimitada autorrealización, si bien insisten por otro lado en que el hombre no es libre. Por el contrario, dice Spaemann, que la idea de Dios es la que funda la idea de libertad, es decir, la que conduce a ella y hace que el hombre se reconozca como un ser libre y responsable. Así, la libertad se impregna al mismo tiempo de un determinado contenido. Esa libertad no se realiza de modo que el hombre desarrolle simplemente su inclinación natural al dominio del entorno, a la autorrealización, etc., a costa de todos los demás. En lugar de esto, sabe que reconocer la libertad del otro constituye un momento integrador de la propia libertad. Creo que esto está asentado precisamente en la idea de Dios.

SONIA M.A. dijo...

Buenas tardes a todos,

Soy Sonia Marín Álvarez, alumna titulada en Lengua Extranjera y me gustaría hablar sobre la serenidad.

La serenidad es definida como la actitud razonable del hombre frente al destino; aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido. Según los filósofos… “a quien asume voluntariamente, lo que de todos modos sucede, nada le puede suceder contra su voluntad”.
La serenidad es la acción comprometida verdadera, da fe de los límites de lo posible. Es por eso que la persona serena no engaña, no es aquella que le da lo mismo el éxito o fracaso de sus propósitos; y en sus actitudes se refleja el aceptar plenamente sus fracasos. Todo esto, también nos hace pensar en los buenos propósitos, como el buen comportamiento, la confianza. Decimos que el bien lleva al bien; pero para ello hemos de pensar que el mal nunca ha de conseguir imponerse, ya que si es así, queda totalmente frustrada cualquier buena intención.
En definitiva, la serenidad, es la aceptación de la realidad, la aceptación de que el hombre pueda vivir amistosamente con aquellos que le rodean y con él mismo. Es por ello que el concepto de amistad es imprescindible, es la condición para que el destino no se nos muestre como enemigo.

Un saludo,

Sonia Marín Álvarez

Laura López González dijo...

Hola A todos, ya estamos terminando el curso ánimo a todos.

En esta última intervención hablare de como el autor de este libro, que tanto me ha hecho pensar,nos habla del destino y de como el hombre se enfrenta a la s tres formas a él.

Una de ellas es el fanatismo; sólo importa lo que el fanático da y pone, no pone límites morales a su forma de actuar porque sólo con esta forma tiene sentido el mundo.

Otra forma d eenfrentarse el hombre al destino es el cinismo; se basa en el poder y el derecho del más fuerte.

La serenidad es la tercera que "gracias a Dios" existe.Es la aceptación de la realidad, la aceptación de que el hombre pueda vivir amistosamente con aquellos que le rodean y con él mismo. Es por ello que el concepto de amistad es imprescindible.

Es importante no olvidar que el destino son nuestras acciones tanto las pasadas como las futuras y todas la sconsecuencias de las mismas. Si en un momento dado decidimos no actuar, también es nuestro destino, ya qiue estamos eligiendo o rechazando algo que se nos presenta.

Muchas gracias Consuelo por todo y a todos mis compañeros, ánimo y suerte.

Naiara Laso De La Vega dijo...

Hola a todos, soy Naiara Laso de la Vega de E.I..

He de reconocer que éste último capítulo me ha parecido quizás más complicado de seguir.

En un principio podemos decidir como actuar frente a nuestro destino, podemos dejar que éste avance sin nosotros actuar lo cual sería un sin sentido, ya que nos veríamos arrastrados por el mísmo destino o intentar actuar, viendo la poca efectividad de nuestros actos sobre el destino y sus condiciones.

El autor se plantea la pregunta de ¿Cómo podemos situarnos con lo que sucede? Explica tres opciones: el fanático que vive con la máxima que el destino es aquel que nosotros creamos, negándose al destino en si. Su antagonista es el cínico, que como bien dice consuelo, miente con su cuerpo y con su palabra, quien a su vez renuncia al sentido y lo contrapone a la realidad.
Finalmente esta la posición de serenidad, que acepta lo que le viene y no puede cambiar aportándole sentido. Esto no se debe confundir con el estocismo, cuyo maximun era la apatia.

Debemos trabajar con firmeza pero aceptando el transcurso de los hechos con serenidad.

Mónica Garcia Rayo dijo...

Hola, buenas noches, soy Mónica Garcia Rayo, y esta va a ser mi última intervención en el blog. Siguiendo con mi deformación jurídica quiero recoger una frase del derecho romano que decía que "Las acciones que contradicen las buenas costumbres han de considerarse como aquellas que nos es imposible llevar a cabo" (Digesto XXVII). Fundamentalmente, viene a decir lo que también recoge el libro y la imposibilidad para el hombre virtuoso y bueno que tienen ciertas acciones no consideradas buenas. Como dice Spaemann "Un buen hombre sería aquel cuya conciencia de que 'no me es lícito hacer esto' se cambia en 'no puedo (físicamente) hacerlo'”. Cuando la virtud está bien asentada, y es lo que tratamos de hacer como educadores, los actos alineados a ella surgen con naturalidad sin esfuerzo mientras que los contrarios a ella ofrecen cierta resistencia. Es lo que Sócrates denominaba la belleza del alma. Tenemos que dejar huella, orientar adecuadamente a nuestros alumnos, para que no les cueste llegar a esto. Ello reporta una satisfacción que hace que se afiance una buena costumbre y esa conducta surja espontáneamente. El hombre frente a las acciones se posiciona, según Spaemann de tres formas distintas: Fanatismo, cinismo y Serenidad. La serenidad es la actitud que acepta voluntariamente lo que no se puede cambiar y de aquel que sabe que hay situaciones en las que si puede actuar y las que sí puede cambiar, la actitud de quien acepta los límites o las reglas del juego. La persona serena, en consecuencia, no engrña, ni se queda impasible ante el éxito o el fracaso de sus intenciones. Es una resignación sabia ante lo inevitable. Confía en que el bien lleva al bien. Serenidad no es pasividad.La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir consigo mismo y con sus semejantes. No existe sustito alguno para la serenidad, pero sí existen muchas circunstancias que dificultan vivirla.

Unknown dijo...

Buenas noches, soy Marta Ramos, de infantil.
En este capítulo nos dice Spaemann que cada individuo es un todo y tiene que responder de sus propios actos, y si lo hace como prueba, deberá asumir las consecuencias de sus actos y formar parte de su vida de manera irrevocable.
Se pregunta el autor sobre si el suicidio es un acto de libertad, y ha de serlo, pero sólo hasta consumarlo; y el no hacerlo también lo es, solo que se podrá seguir eligiendo.
El ser humano, a diferencia de los animales, puede modificar cada vez las condiciones enmarcadas en nuestro comportamiento. A esto se le llama historia. Pero para ello hay que aceptar el marco de su actividad, nuestra forma de ser, nuestra naturaleza, biografía… No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que nosotros somos como somos sin poder modificarlo.
A lo largo de nuestra vida, nosotros mismos modificamos nuestro destino, con cada acción, omisión, palabra, gesto, recuerdo, olvido, etc., y esto nos moldea sin remedio. Pero con cada acción realizada, cambiamos de senda en nuestro camino, sin poder retroceder para modificarlo, ya que cada acto trae unas consecuencias, y cada uno debemos asumirlas.
Actuar es elegir, es despreocuparse de sí. Esto es infinito, ya que cada acción trae consigo otro número infinito para poder seguir eligiendo.
También influyen en nuestro destino otras personas, al igual que nosotros influimos en los destinos de los demás.
Un saludo MRQ

M.H.Sumner dijo...

Hola, resumo aquí el tema VIII que habla sobre la actitud que debemos tomar ante lo que no podemos cambiar.
Dice Spaemann que el hombre, como ser libre que es, al actuar puede modificar su comportamiento pero sólo una vez haya aceptado el marco de su actividad.
Es por ello que el justificar una mala acción como parte de la forma de ser de uno mismo se tiene que concebir como una mala excusa ya que la forma de ser viene configurada por nuestras acciones.
Spaemann habla del fanático diciendo que es aquel quien defiende la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. También pone de manifiesto al cínico que avala la idea de que el derecho reside en el más fuerte. A diferencia del sereno, éstos dos se aferran a la idea de que la realidad que rodea nuestras acciones carece de sentido.
El hombre sereno, por el contrario, tiene una actitud que se difiere de la del fanático y la del cínico en el sentido de que acepta voluntariamente lo que no puede cambiar. Es cierto que actúa con decisión pero aceptando el fracaso como lleno de sentido. Es por ello que el aceptar la realidad es requisito para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo y por lo tanto llevar una vida feliz.
Un saludo.

Unknown dijo...

Buenas tardes, soy Marta Ramos y voy a hacer otro comentario, y es sobre algo que nadie ha tratado en el blog de este capítulo.
Es sobre la doctrina cristiana, y personalmente opino que nos enseña serenidad ante el destino, sobre todo en los malos momentos (enfermedad...). También pienso que el que cree en otra religión o el agnóstico, se agarran a la serenidad en otro lugar porque sino ¿de dónde sacan la serenidad?.
Al actuar, siempre (o así debería de ser), pensamos que es para bien, porque si no fuese así, no nos atreveríamos a hacerlo. Confiamos en que sea para bien, aunque nos equivocamos con bastante frecuencia, pero siempre actuamos con la idea de que el bien se impondrá al mal, ya sea a corto o a largo plazo.
La persona serena actúa con firmeza y con un buen fin, a sabiendas de que puede fracasar. También actúa con la idea de que el bien prevalecerá.

Un saludo: MRQ

Cristina Reus dijo...

Buenas a todos y todas

Según el mismo autor, el tema de la serenidad no acostumbra a aparecer en la ética moderna, ya que trata de todos aquellos aspectos que tienen que ver con los actos que dependen de nosotros mismos, pero nuestra intervención no es el objetivo de estudio de la ética.
El individuo no es el único responsable del comportamietno en su sentido absoluto. Una persona, en el momento que actúa ya ha aceptado el pasado y el futuro, ya que la reflexión ha quedado en un segudo plano. Por ello, entendemos que ésta, es previa a la acción. Esto nos lleva a pensar que cada una de nuestras acciones nos configuran y hacen a su vez, forjar más todavía nuestro carácter.
Pero existen matices que hacen que nuestra conciencia a veces no esté del todo trnquila ya que, a veces, no tiene en cuenta el dolor que puede causar el destino. Todo esto nos lleva a pensar que el actuar y el sufrir pueden ir más juntos de lo que nosotros nos creemos; porque, a veces, el mismo sufrimiento es el motivo por el que actuamos.
Spaemann habla de tres relaciones donde podemos situarnos:
El fanatismo, el cinismo y la serenidad.
La serenidad, según Spaemann, es la actitud razonable del hombre frente al destino, el cual acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido.
La persona serena no engaña, no es aquella a la que le da lo mismo el éxito o fracaso de sus propósitos, aunque sabe aceptar plenamente sus fracasos.
El bien lleva al bien pero, para ello, debemos pensar que el mal nunca conseguirá imponerse.
Serenidad es aceptación de la realidad, aceptación de que el hombre pueda vivir amistosamente con aquellos que le rodean y con él mismo. Es por ello que el concepto de amistad es imprescindible, pues es la condición para que el destino no se nos muestre como enemigo.

Saludos

María del Rey Barba Titulada dijo...

Nuestra actitud ante la vida, definirá nuestra felicidad. Es de suma importancia saber aceptar lo que nos viene, con serenidad. Esto es posible cuando nos aceptamos a nosotros mismos, sino la tarea se hace muy ardua, pues, ¿cómo vamos a aceptar algo que nos viene de fuera? Es muy importante para la felicidad que este aceptar no sea resignación, pues con ello nos somos felices, sino conformistas. Debemos aceptarlo con vision sobrenatural, querer lo que nos viene pues siempre para nuestro bien, aunque no lo veamos, aunque no lo entendamos, siempre es por nuestro bien.
El cínico, el fanático nunca llegará a buen puerto, ya que no conoce el término medio, y se sabe que en la medida justa esta la sabiduría, la felicidad, lo que nos hace continuar.
La persona que voluntariamente acepta lo que va a suceder, aunque sea inevitable, es tan libre como Dios, el más alto ejemplo de libertad.
El que es sereno, actúa con firmeza. Esto da pie a que deberá aceptar tanto el éxito como el posible fracaso, pues sabe que todo es para bien. Ya que las malas acciones e intenciones a la larga deben trocarse en su contrario y colaborar al bien.
Nada puede sustituir a la serenidad, pero el hombre tiene como obligación primordial el facilitar la serena aceptación del destinos en las difíciles situaciones que se presentan en la vida, puesto que así también seremos felices, pues contribuimos a la felicidad de los demos y esto supone doble felicidad para nosotros.

Raquel Sancho Ríos dijo...

Hola a todos

Soy Raquel Sancho, Infantil titulados

Concluimos el libro con el capítulo 8. Cada persona va haciendo su vida, va actuando, va eligiendo por dónde quiere ir, qué decisión tomar, todo esto forma el destino de cada uno. Pero nuestro destino, el de cada uno, no solo está en manos de esas actuaciones, sino también de todas las situaciones que no dependen de nosotros.
Encontramos tres posibilidades
El fanático: es aquel que está unido a la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
El cínico: renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
La serenidad: acepta la parte que no se puede cambiar, acepta la realidad con sus éxitos y, por supuesto, sus fracasos. Así se vive feliz, es la manera más razonable de vivir. Se tiene que hacer el bien porque lleva al bien.

Mucho ánimo a todos y suerte
Raquel

Maria Antonia Pedra Lucia dijo...

Buenos días, soy María Antonia Pedra Lucia, alumna titulada de Educación Infantil, voy a realizar un pequeño resumen del último capítulo Serenidad o actitud ante lo que podemos cambiar:
La dignidad del ser humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio, como si fueses un simple elemento inconsciente, cada vida humana es más bien un todo de sentido. La persona tiene que responder sobre su comportamiento y tiene que responder sobre ello.
Cuando actuamos vamos eligiendo si nos relacionamos con la realidad, pero ya tenemos que haber aceptado tanto el pasado como el futuro. Al actuar modificamos las condiciones que enmarcan nuestro comportamiento, de ahí sale la historia. Todo lo que hagamos, cada actuación, va formando nuestro destino y nos va modelando de manera irrevocable, podemos abrir nuevos caminos pero nunca podrá volver a ser como antes. Por eso, actuar significa desasirse de sí, despreocuparse de sí y de las propias intenciones, y en esa medida la actividad finita es una ejercitación de la muerte. No hay frontera entre actuar y sufrir, actuar conlleva a sufrir alguna vez.
Nos podemos situar en relación a lo que suceda con tres posibilidades, el fanatismo (cree que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos), el cinismo (adopta la realidad contra el sentido, es decir, renuncia al sentido, considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico) y la serenidad (la actitud razonable del hombre frente al destino, es decir, la actitud de una persona que acepta lo que ella no puede cambiar, que acepta los límites, por tanto, serenidad no significa pasividad, sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola).

adri vaz dijo...

Buenos días, soy Adriana Vaz de E.I. titulados. Comentaré el último capítulo: el destino.
Todo el mundo de hoy día se “refugia” en la idea de destino. Típica frase de : ¿crees en el destino?. Sinceramente, no. La idea de destino, no existe. Somos nosotros quien lo provocamos, es el mismo individuo quien actúa sobre sus acciones, no sus acciones en él. Podemos actuar y cambiar o modificar nuestras acciones pero no dejarnos llevar por ellas. Debemos actuar, como se dijo en el capitulo anterior, en conciencia, sabiendo qué queremos, qué intenciones queremos. Hay que destacar que también el sufrimiento es una acción, aun que no lo queramos ver asi, ya que sufrir conlleva dolor y a nadie le gusta esa idea. Pero el sufrimiento es bueno, nos hace más fuertes y nos prepara para acciones futuras.
Para poder hablar de destino razonable hay que hablar de serenidad. Es aquella actitud de aquel que acepta voluntariamente, lo que él no puede cambiar, aceptar los límites.
Una persona serena, comprende y actúa de manera mejor, razonando, pensando objetivamente las acciones y las consecuencias. Actúa con firmeza en sus decisiones, sabiendo que puede hacer una cosa bien o tener fracaso.
Cuando una persona llega a esa serenidad, sabe que es feliz. Sabe que obra bien y evita el mal. Comunica esa felicidad a través de la alegría, obra en virtud de esa felicidad.
Un saludo y mucho ánimo para todos!

Anónimo dijo...

Hola, soy Luis Rubio Portolés, alumno de 3º de Magisterio de Educación Física. En este tema, Spaemann, nos habla casi en exclusividad del destino y de cómo actuamos frente a él. Cuál es nuestra actitud frente a las cosas que no podemos cambiar ya que están escritas de antemano.
Cada acto, cada acción tiene su repercusión en nosotros mismos y en los que están a nuestro alrededor. Cuando una persona actúa, ya en ese momento, está aceptando el destino, tanto el pasado como el futuro, ya que no hacemos las cosas al “azar”, las cosas vienen de un lado y van a otro.
Cada vez que actuamos (realizamos algo) estamos cambiando las decisiones posteriores. Las nuestras y las de los demás. Al mismo tiempo que cambiamos indirectamente las acciones de toda la gente que está a nuestro alrededor.
Sabiendo esto, parece ser que la propia manera de actuar frente a las cosas no predice nuestro destino sino que es nuestro destino en sí mismo.
Nosotros hacemos nuestro destino de tal forma que parece que ya está prediseñado de antemano. Cuando nosotros actuamos tenemos que aceptar las consecuencias de nuestros actos y asumirlas. Sólo así podremos llegar a sentir la felicidad.
No hemos de ser fanáticos, niegan el destino; ni ser cínicos, renuncian al sentido de las cosas. Tenemos que optar por la serenidad, es aquella de aquel que acepta voluntariamente como, un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar.
La actitud de quien acepta los límites, lo que ha de ocurrir, ocurre igual, nos guste o no. Cuando antes lo aceptemos mejor para nuestra felicidad y nuestro cumplimiento del propósito marcado. Quien no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo y sin esa aceptación no puede tener una vida recta.
La aceptación de la vida recta, en este caso de la realidad, es la condición necesaria para que el hombre conviva con buenas relaciones con sus semejantes y a la vez que sea feliz.
La serenidad esa una propiedad del hombre feliz y como dijo Espinosa,” la felicidad, no es el premio a la virtud, sino que la virtud misma es ese premio.
Un saludo
Luis Rubio Portolés

Carlos de Vicente dijo...

Antes de nada animar a todo el mundo que ya nos queda menos.

El capitulo VIII empieza mediante la reflexión de que cada persona debe responder sobre si mismo, tanto si actúa bien como si actúa mal, haciéndose cargo de sus actuaciones.

Spaemann empiza con algo de lo que la Ética no se ocupa: el destino. Los hombres al actuar, aceptan unas condiciones dadas de forma involuntaria pero pueden cambiar esas condiciones. Por ello dice que nadie puede esconderse tras el “es que yo soy así”.
Cada individuo conforma su propio destino según actúa pero no es algo que tengamos en nuestras manos. Además, el hombre puede presentar tres opciones ante este destino: el fanático (aquel que no reconoce límites morales a su proceder), el cínico (aquel que sabiendo los límites los enmascara) o el sereno (aquel que acepta voluntariamente lo que él no puede cambiar). Esta última opción hace al hombre libre ya nada le puede suceder contra su voluntad. Siguiendo estas explicaciones podemos encontrar dos doctrinas, la estoica (que enseña a no tener pasiones) y la cristiana (que antepone la resignación ante lo inevitable como verdaderamente humana).

Por último, se nos dice que aquellas personas que son serenas actúan con firmeza, pero aceptan la marcha de las cosas y admiten el fracaso. La serenidad no es pasividad sino afirmación de una realidad que puede ser modificada, es decir, aceptamos lo que nos está sucediendo he intentamos modificarla.

Un saludo a tod@s

Toya de la Cruz dijo...

Hola, soy Toya de la Cruz:

Aunque sea empezar por el final, entraré directamente a hablar acerca de las posturas que podemos adoptar ante lo que "sucede".
Spaemann cita tres posturas: fanatismo, cinismo y serenidad. Mi reflexión quería centrarla en la observación de que, en alguna medida, nuestra postura participa de las tres.
Nos gustaría permanecer serenos ante las circunstancias, que no elegimos, y aparecen en nuestra vida, pero no siempre es fácil. Creo que algo hay, al menos en alguna ocasión, en nuestra postura de fanatismo y cinismo. Quizá no planteado de forma tan clara y extrema como lo hace el autor, pero sí presente de alguna manera, en nuestros pensamientos y acciones.
Intentaré explicarlo con ejemplos:
- Ante una injusticia clara, que se ha cometido con nosotros o con alguien cercano, puedo tener distintas posturas. La mejor sería, intentar que se haga justicia y asumir, con serenidad, las consecuencias de lo que no puedo cambiar. Pero puedo también reaccionar negándome a aceptar lo inevitable, queriendo que mi punto de vista, acertado o no, se imponga. Y, por último, como el que está de vuelta de todo, puedo "soportar la injusticia" porque ya se sabe..., "la vida es así", "no merece la pena intentar cambiar el mundo...", y con una postura cínica agostar las esperanzas.
- Ante una dificultad en el trabajo. Por plantear una situación muy real y concreta: que mis criterios sobre cómo debe darse una asignatura, no coincidan con los del Jefe de estudios de mi centro, y no tenga más remedio que seguir sus indicaciones. Puedo serenamente darme cuenta de que la cuestión no es de vida o muerte, hacerlo como me indican e intentar aprender de la experiencia. Pero puede que me "hierva la sangre", que piense que si no puedo hacerlo a mi manera será un desastre, que no tengo libertad, que así nunca avanzará la enseñanza..., que no tiene sentido mi vocación al magisterio... Estoy comportándome como una fanática porque es lo mío o nada. Otra actitud, más propia de quien lleva ya más tiempo trabajando, es la de quien piensa que no merece la pena plantear innovaciones, que para no tener problemas lo mejor es no "mojarse". Incluso se ríe, irónicamente, del maestro joven que llega con toda su ilusión y también del "idealista", según él, que sigue creyendo en lo posible.

Para no extenderme concluiré que sería bueno analizar qué postura adoptamos ante el "destino cotidiano", sin esperar grandes acontecimientos.

Toya

Toya de la Cruz dijo...

Hola, soy Toya de nuevo. He pensado añadir una reflexión, por si a alguien le sirve.
Desde la experiencia de 25 años en la enseñanza, suscribo lo que dice Consuelo de que hay que "huir" del cínico, y especialmente en nuestro trabajo. "Huir" del compañero cínico y -más importante-, "huir" del cínico que todos llevamos dentro. Es normal que seamos un poco fanáticos, por exceso de entusiasmo, los primeros años de trabajo. Sin embargo, hay que hacer un gran esfuerzo para no dejar que los fracasos y las experiencias negativas arruinen nuestra confianza en el ser humano, en el hombre. Nuestros alumnos dependen -en gran medida-, de nuestra ilusión, esperanza y confianza en ellos renovada cada día. Creo que un profesor "quemado" es una buena muestra de quien no ha sabido encarar con serenidad su trabajo. Educar no tiene resultados medibles ni inmediatos, hay que contar con un factor que escapa de nuestro control, la libertad personal. Ni siquiera Dios puede quitarme la libertad.

Ser cristiano es una ayuda sin precio para un educador, pero también puede serlo para un no creyente. Leer el Evangelio desde el punto de vista de aprender de Jesús a educar, es increíble. Él es EL MAESTRO, hombre perfecto y Dios todopoderoso. Objetivamente, en su trabajo diario fracasaba bastante y podía haberse desanimado, pero confió en sus "alumnos". Conocía la realidad de los alumnos que tenía delante y sus límites. También Su propia limitación: la libertad humana. Cada uno respondió libremente y Él no pudo evitar que al final Judas le traicionara. Repensar todo esto puede hacernos más realistas, más serenos.

Un cariñoso saludo, Toya

Anónimo dijo...

¿Qué postura adoptar ante lo que nos sucede?

Tanto el fanático como el cínico, están de acuerdo, desde el principio, en que la realidad que rodea a nuestras acciones, no tiene sentido. Ante esto, la actitud razonable del hombre frente a su destino, es la serenidad.
No existe sustituto alguno para la serenidad, pero existen muchas circunstancias que dificultan vivirla. Me gustaría detenerme aquí, ya que es cierto que hay muchas circunstancias que nos impiden vivir serenamente, el estrés del trabajo, las dificultades de la jornada, problemas familiares, etc. Sin embargo, cuando todo eso lo ponemos en manos de Dios, nos tranquilizamos y podemos vivir serenamente. En este sentido, voy a repetir unas palabras de Benedicto XVI: “El testimonio cristiano, sereno y firme, es el mejor que podemos dar a nuestros semejantes”.

Bueno, os animo a todos a estar muy serenos en los exámenes

Saludos
Teresa Aguirre

Anonimo dijo...

Hola a todos.

Soy Javier Grau, alumno titulado de Ed. Física.

Voy a comentar el tema 8:

La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio. Cada persona debe responder sobre sí mismo, si lo hace bien, como si no lo hace bien.

Actuar significa siempre desarcirse de si, despreocuparse de sí y de las propias intenciones.
La actitud razonable del hombre frente al destino, es la serenidad. Que a la actitud de aquel que acepta voluntariamente, un límite lleno de sentido, lo que él no puede cambiar; acepta los límites.

Pero la vida no solo se compone de lo que el ser humano elije, la vida también está compuesta por todos esos acontecimientos que no elegimos y a los que tenemos que hacer frente. Esto forma parte de nuestra vida, de nuestra biografía y debe ser aceptada y querida por ser constituyente de lo que somos.

La persona serena actúa con firmeza, pero ha tenido que aceptar que la marcha de las cosas a la vez que posibilita su actividad también hace posible su fracaso.

Un saludo.

Anónimo dijo...

¡Hola a todos!
Soy Mª José Bernardo Gómez, alumna titulada de Educación Primaria, continuaré diciendo que la doctrina cristiana enseña también la serenidad ante el destino. El realismo consiste en que los límites de la subjetividad natural son delimitados de acuerdo con la realidad.
Dios es garante de las exigencias morales, es señor de la historia; Dios es honrado también con nuestros fracasos y, además garantiza la armonía definitiva de nuestras intenciones con la marcha del mundo.
Al buen comportamiento pertenece por eso la confianza en que ese caso no se da; la confianza en el bien lleva al bien, al menos en general y a largo plazo. Solo podemos creer esto si creemos a la vez que el mal no consigue imponerse; que es el bien quien se impone. La fe en Dios incluye por eso la idea de que las malas intenciones deben trocarse a la larga en su contrario y colaborar al bien.
La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso.
Serenidad no significa pasividad, sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola.
La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición, por tanto, de una vida feliz, y la condición para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad.
La serenidad es una propiedad del hombre feliz.
Un saludo.

Anónimo dijo...

¡Hola a todos!
Soy Mª José Bernardo Gómez, alumna titulada de Educación Primaria. Del capítulo VIII me gustaría destacar en primer lugar que es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto.
Los hombres al actuar modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento, siempre que acepten previamente determinado marco de su actividad. Quién no puede o no quiere hacerlo sigue siendo un niño. A esas condiciones pertenece nuestro modo de ser, nuestra naturaleza.
Constatar “es que yo soy así”, cuando uno se ha comportado injustamente, es una mala excusa. Nuestro “ser así” no es una magnitud fija que determina nuestra actividad, sino que viene configurado continuamente por nuestras acciones.
Pertenece a una vida justa tener la clara conciencia de que todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable. La propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino.
Actuar significa despreocuparse de sí y de las propias intenciones. En realidad no existe una frontera clara entre actuar y sufrir. La vida de cada hombre es un todo de sentido. El mismo sufrimiento es también una forma de actuación. O nuestra actividad es absorbida o neutralizada por la exterioridad del destino, o nos situamos en una consciente y expresa relación con lo que sucede y lo incorporamos así al sentido de nuestra vida.
Caben tres posibilidades: fanatismo, cinismo y serenidad.
El fanatismo es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
Fanático es el revolucionario que no conoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de que sólo gracias a éste adquiere sentido el mundo.
Lo contrario del fanático es el cínico. Éste no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
El cínico es inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad falta de sentido. A menudo, después de algún tiempo, el fanático se concierte en cínico, justamente cuando ha experimentado el poder de la realidad que él combate. En el fondo, ambos están de acuerdo, desde el principio, en que la realidad que rodea nuestras acciones, que les sirve de presupuesto y en la que desembocan, no tiene sentido.
La actitud razonable del hombre frente al destino, tal como o ha señalado la filosofía de todos los tiempos, la denominamos serenidad.
Con la palabra serenidad entendemos la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo qué el no puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites. Lo que no podemos modificar ocurre de todos modos, lo aceptemos o no.
Quién no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo. Y sin amistad consigo mismo, no puede darse una vida recta.
Un saludo.

TERESA PUERTA dijo...

Hola a todos hemos llegado al final, que rapido pasan las semanas.
He de reconocer que este capítulo es el que más me ha costado entender.
Simplemente voy ha destacar dos ideas, creo que son las que resumen el capítulo.
Primeramente destacar los conceptos de cínico, aquel que hace lo contrarío de lo que piensa,por lo tanto no podrá aceptarse a si mismo.
Fanático; aquel que no acepta las ideas de los demás;podemos tener claras nuestras ideas, pero debemos ser tolerantes y escuchar otras ideas, creo que esto también enriquece, incluso ivitaria que en ocasiones erraramos.
Las dos frases son "Quien no acepta el destino no puede aceptarse a sí mismo"Las cosas a veces vienen solas y nadie tiene la culpa, y otras veces son consecuencia de nuestras acciones, pero es de sabios reptificar, y no atormentarse con lo que hemos hecho.
"sin amistad cosigomismo, no puede darse una vida recta", cierto es que si no nos respetamos a nosotros mismos dificilmente respetaremos a los demás ,personas objetos,por pponer un ejemplo, los fanáticos del futbol, que a la salida se dedican a dar patadas a todo a quemar contenedores, esta gente no se rsepeta a si misma.

Un saludo, y mucha sueste para los examenes.

Carlos Martínez dijo...

Un saludo para todos y una despedida afectuosa para los que han sido mis compañeros/as y profesora durante este segundo cuatrimestre:
Llegamos al final del cuatrimestre y de este segundo libro que hemos leído en la asignatura de antropología con el capítulo VIII.
He estado leyendo al resto de mis compañeros y estoy de acuerdo con bastantes de sus comentarios. El ser humano es un todo integral, (Altarejos), y convive con otros de su misma especie e, incluso, con factores que él no puede llegar a influir o modificar, (ambientales). Es decir, está inmerso en una sociedad.
Quizás, lo más reseñable de este capítulo sea los diferentes tipos de posicionamiento en cuanto a los acontecimientos que suceden: Fanático, cínico y sereno.
Algunos de ellos ya han sido estudiados en la asignatura de Antropología I, otros son nuevos, (en cuanto a su estudio se refiere).
Así vemos que fanático es aquél que considera que la vida no tiene sentido si no es por él, no tiene límites a sus actuaciones, (sólo así se puede entender a los nazis y a sus campos de exterminio).
El cínico es el que adopta el papel de la realidad contra el sentido, es decir, renuncia al sentido, domina la ironía y es al que hay que combatir cuando actúa.
Por último, la serenidad, que es la virtud que permite conocer los límites de las cosas que no se pueden cambiar.
Un saludo.
Carlos Martínez.

LearningEnglish dijo...

Hola a todos,
Mnombre es Inmaculada Marcos y soy alumna titulada de lengua extranjera.

Es importante lo que Spaemann dice en este capítulo: todo acto que realizamos nos modela de manera irrevocable. Y precisamente eso, es lo que nos hace realmente humanos, gracias a ello tenemos la idea de futuro, por eso es importante fijarse en todo lo que hacemos, no como algo nimio sino como algo que aunque no lo creamos en ese momento puede transformar nuestro sentido de la vida. Pero no todo lo que nos pasa tiene por que ser agradable por eso no vale con saber que por el hecho de estar vivos, las cosas van a pasar, sino que tenemos que tener cuidado con la actitud que tomamos con respecto a ella. El autor aboga por la postura de la serenidad( que es la mejor situada frente a las otras dos -fanatismo y cinismo-), que es la postura del que acepta lo que le ocurre, siempre y cuando tenga un sentido.
Si tomasemos cualquiera de las otras dos posturas nos sería mucho mas difícil adaptarnos a la sociedad, pues tendriamos el peligro de vivir fuera de ella, y convertirnos en seres asociales, lo cual, va en contra de la naturaleza del hombre, y como tal, sería tremendamente infeliz. El hombre que es feliz es capaz de mostrarlo hacia la sociedad sin ni tan siquiera decirlo y eso nos hace a todos en el fondo un poco más felices. Todo esto lo alcanzamos, a través de la serenidad.

Anónimo dijo...

Buenas tardes!!
Soy Cristina Pérez Ortiz del Río (Educación Física)

Llegamos al final de la asignatura y con ella el último comentario de este segundo libro con el capítulo VIII.

Podíamos encauzar este tema, diciendo que el individuo es el único de encauzar bien sus comportamientos y además ser consecuente con sus actos y asumiendo las consecuencias de sus acciones.
Aquí, al igual que en el resto del capítulo interviene mucho el concepto del destino; ya que dice que una persona en el momento que actúa ya ha aceptado el pasado y el futuro, ya que la reflexión ha quedado en un segundo plano.
Este aspecto nos lleva a pensar que aunque no lo parezca, cada una de nuestras acciones ejercer sobre nosotros y a su misma vez, nos configuran y hacen a su vez, forjar más todavía nuestro carácter.

Pero igualmente, existen matices que hacen que nuestra conciencia a veces no esté del todo tranquila, ya que a veces no tiene en cuenta el dolor que puede causar el destino. Todo esto nos lleva a pensar que el actuar y el sufrir pueden ir más juntos de lo que nosotros nos creemos. Porque a veces el mismo sufrimiento es el motivo por el que actuamos.
Actuar significa despreocuparse de sí y de las propias intenciones. En realidad no existe una frontera clara entre actuar y sufrir. La vida de cada hombre es un todo de sentido. El mismo sufrimiento es también una forma de actuación. O nuestra actividad es absorbida o neutralizada por la exterioridad del destino, o nos situamos en una consciente y expresa relación con lo que sucede y lo incorporamos así al sentido de nuestra vida.
Caben tres posibilidades: fanatismo, cinismo y serenidad.

El FANATISMO: es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
Fanático es el revolucionario que no conoce límites morales a su proceder.
Lo contrario del fanático es el CÍNICO: Éste no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Cree en el derecho del más fuerte.
El CÍNICO es inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad falta de sentido.
La actitud razonable del hombre frente al destino, tal como o ha señalado la filosofía de todos los tiempos, la denominamos SERENIDAD.
Con la palabra serenidad entendemos la actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo qué el no puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites. Lo que no podemos modificar ocurre de todos modos, lo aceptemos o no.
Quién NO acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo. Y sin amistad consigo mismo, no puede darse una vida recta.

En definitiva, la serenidad, es la aceptación de la realidad, la aceptación de que el hombre pueda vivir amistosamente con aquellos que le rodean y con él mismo. Es por ello que el concepto de amistad es imprescindible, es la condición para que el destino no se nos muestre como enemigo.

Un saludo Cristina Pérez. (Ed. Física)
Mucho ÁNIMO A TOD@S!!!!!

Oihana dijo...

Hola a todos:

Oihana Rodríguez Zarandona, Educación Infantil.

En la vida nos encontramos con muchísimas situaciones que nos van a llevar a pensar en que tenemos que hacer en esos momentos. EL destino tiene momentos que los provocamos nosotros, es decir, hay a situaciones que nosotros mismos llegamos por nuestros actos y decisiones, pero hay otras situaciones que "suceden" porque tienen que suceder así. Ante esto hay varias maneras de actuar, pero como bien nos enseña el libro, la mejor postura es la serenidad, aceptando voluntariamente lo que no podemos cambiar, asumiendo los riesgos y siguiendo adelante con todo lo que se nos pone delante. Gracias a esta serenidad, no nos ofuscamos en los problemas ni situaciones desagradables, sino que las afrontamos e intentamos buscar soluciones.

Siguiendo por el mismo hilos, se presentan dos doctrinas, la estoica y la cristiana, y es esta segunda la que antepone la resignación ante lo inevitable, mirando bien al frente y aceptando las cosas tal y como vienen. Acepta el fracaso y no se hunde a la primera de cambio, asume la realidad teniendo en cuenta que la puede cambiar, o hacer cosas para que pueda ir lo mejor posible.

Un saludo, y gracias por ayudarme a comprender mejor el libro con vuestros comentarios, y por tus aclaraciones Consuelo.

Gloria Clemente dijo...

Hola a todos:

Voy a comentar el tema de la serenidad, qué actitud debemos tener ante lo que no podemos cambiar.
El destino es algo que parece estar fuera de los límites de la Ética. Sin embargo, muchos pensadores han señalado la importancia de una buena relación entre el hombre y lo que es como es sin que él intervenga.
El hombre es un ser libre, pero también forma parte del destino. Las acciones que el hombre realiza son las que marcan y configuran el destino y la forma de ser de las personas.
Se distinguen tres posibilidades de aceptar esto y de incorporarlo al sentido de la vida:
- El fanático, que es quien actúa sin aceptar límites morales; sólo los que él mismo establece.
- El cínico, que es quien renuncia directamente al sentido, adoptando un modo de proceder mecánico. Cree en el derecho del más fuerte.
- La serenidad, que es la actitud razonable del hombre ante el destino, aceptando los límites y dando un sentido pleno a la realidad, y aceptándose también a sí mismo.
La serenidad es la condición para una vida feliz. Esto conlleva una amistad entre generaciones, para que el destino no se convierta en enemigo. Es necesario que los mayores introduzcan a los jóvenes en un mundo de valores, para que estos actúen con sentido. No hay forma que pueda sustituir la serenidad, aunque existen muchas dificultades para vivirla. La serenidad es una propiedad que conlleva a la felicidad.

Un saludo,
Gloria Clemente-Moreno Palacios

María Frago Pérez dijo...

María Frago Pérez
2ºEd.Infantil

La serenidad, según Robert Spaemann, es la actitud razonable del hombre frente al destino. Es la verdadera aceptación de que el ser humano es limitado y hay cosas que no puede cambiar en su existencia. Cuando actuamos, aceptamos nuestro destino. Cuanto más presente tengamos nuestra limitación, mejor será nuestro proceso de aceptación ante las adversidades de la vida.

En ocasiones al aceptar nuestro destino, el saber templarlo de una manera serena puede llegar a ser una de los grandes objetivos de nuestro pasar. Porque el sufrimiento es una acción y está interrelacionado con nuestras actuaciones. Todo dependerá de cómo sepamos canalizar nuestros sentimientos ante una situación adversa. El ser humano a lo largo de la historia ha intentado luchar para sufrir menos, intentando buscar acciones, sentimientos, situaciones para contrarrestar los grandes sufrimientos.

Multitud de corrientes filosóficas y distintas religiones han expuesto la condición del hombre y de su inherencia con la realidad. La doctrina cristiana siempre ha abogado por una motivación nueva: el realismo ante la subjetividad son delimitados de acuerdo con la realidad.

Ante una situación de sufrimiento, la resignación puede llegar a ser un arma para defendernos. Pero no tenemos que entender el concepto resignación con una connotación negativa de indiferencia. Entender esta idea siempre podrá ayudarnos a superar determinadas situaciones.

Si una persona vive con serenidad, siempre podrá relacionarse de manera virtuosa con sus semejantes, además de consigo mismo. Esta suma de factores ayudará que tenga una vida lograda, realizada y feliz. Que una persona tenga muy presente este objetivo, será muy importante de cara a toda su forma de obrar a lo largo de su vida, y del bien que pueda hacer. Pero para ello, tendrá que “entrenar” constantemente con todas las dificultades pequeñas que se le vayan presentando, porque en definitiva cada día siempre se presentan contrariedades, ese saber llevarlas con una sana resignación es lo que permitirá que vayamos aprendiendo a soportar las cargas; en ocasiones las cargas que nos toque afrontar pueden llegar a ser especialmente duras y complejas, y en ese momento será una gran prueba en la que no podremos huir o desentendernos, porque aunque estemos solos, siempre tendremos que responder ante nosotros mismos y nuestra conciencia, en cómo sobrellevarlo.

Un saludo a todos y suerte en los exámenes.

Carmelo Añón Atienza dijo...

Estimada Consuelo,

No había visto nunca escribir tanto y tan bien de la serenidad y no esperaba que esta actitud estuviera tan cargada de sentido. Me gusta mucho el carácter activo de la serenidad, tan alejado de esa "resignación" que en ocasiones se achaca a los cristianos como "conformismo pasivo". La serenidad como aceptación del destino, tan alejada del fanatismo. La serenidad como confianza, como resorte para levantar la cabeza bien alto, como firmeza en el caminar, como "condición, por tanto, de una vida feliz".

Dice Spaemann, y lo borda, que "cada hombre es un nuevo modo de hacerse consciente el mundo. Pero un mundo malo no merecería alcanzar una y otra vez la conciencia, ser reflejado siempre. Ninguna ayuda, ninguna actividad social puede tener otro sentido que ayudar a los hombres a descubrir que vale la pena vivir" (pág. 134). Así, no es de extrañar que proponga, como ayuda para los cínicos, el amor. Claro. Como lo propone Pennac en "mal de escuela". En este caso lo señala Spaemann casi como la última posibilidad de ayudar a los cínicos. Siempre nos quedará el amor, el de verdad, el cotidiano. El que puede hacernos ver, por muy cegados que estemos, que la vida merece la pena ser vivida. En cualquier situación. Como recordaba Viktor Frankl.

Unknown dijo...

Buenas noches. Soy Marta Ramos, titulada de infantil y quiero hacer un último comentario.
La serenidad es el legado que dejamos a nuestros hijos, al ayudar a comprenderla y desarrollarla. No estoy segura de si es insustituible, porque creo que “el amor” puede sustituirlo todo. Creo que cada persona, cada ser, forma parte de un tremendo puzle, y día a día las piezas van encajando, pero lo que no sabemos es el resultado final. Todo, absolutamente todo, nos forma, nos moldea, influye en nuestro comportamiento y en nuestra vida. Una enorme parte es la educación recibida por nuestros padres o educadores, pues es nuestro punto de partida; otra la formación recibida; otra más es la justicia; otra la serenidad; otra la conciencia …
Todo al fin y al cabo forma parte de nuestro ser, de nuestra vida, y no se puede prescindir de nada. Este libro me ha enseñado a ver las cosas bajo otro punto de vista y a desmenuzar las características que nos definen.
Me despido de todos y mucha suerte en el futuro
Un saludo: MRQ

webmaster dijo...

Buenos días, soy Katrin Eckart, de Magisterio de L.E.

La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo.
Las generaciones son destino unas para otras. Aceptamos el mundo tal como nos lo entregaron los mayores y los jóvenes reciben la herencia que se les entrega y prosiguen nuestros propósitos.

Pienso que este punto lo tenemos que tener muy en cuenta en nuestra sociedad actual en la que los niños se encuentran involucrados en un mundo multimedia muy distinto al que hemos vivido nosotros y nuestros antepasados.
Estamos en una cultura en la que con tanta innovación (pantallas digitales, libros digitales los niños son “nativos digitales” mientras que nosotros somos “inmigrantes digitales”.
Tienen muchas más fuentes de información que nosotros. Internet es una puerta abierta desde casa al mundo. Todas estas informaciones las comparan con lo que se explica en el colegio.
Inmersos en este mar de conocimiento hay que saber seleccionar y dirigir a nuestros alumnos hacia un camino digital de valores.
Tenemos la obligación de inculcar respeto hacia los mayores ya que la experiencia de lo vivido no se enseña en Internet ni en ningún libro. Es por esto que la figura del profesor toma las riendas de la construcción del conocimiento de nuestros alumnos.


Quería despedirme, darle las gracias a Consuelo por la creación del bloq y desearos a todos mucha suerte con los exámenes.

webmaster dijo...

Buenos días, soy Katrin Eckart, de Magisterio de L.E.

La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo.
Las generaciones son destino unas para otras. Aceptamos el mundo tal como nos lo entregaron los mayores y los jóvenes reciben la herencia que se les entrega y prosiguen nuestros propósitos.

Pienso que este punto lo tenemos que tener muy en cuenta en nuestra sociedad actual en la que los niños se encuentran involucrados en un mundo multimedia muy distinto al que hemos vivido nosotros y nuestros antepasados.
Estamos en una cultura en la que con tanta innovación (pantallas digitales, libros digitales los niños son “nativos digitales” mientras que nosotros somos “inmigrantes digitales”.
Tienen muchas más fuentes de información que nosotros. Internet es una puerta abierta desde casa al mundo. Todas estas informaciones las comparan con lo que se explica en el colegio.
Inmersos en este mar de conocimiento hay que saber seleccionar y dirigir a nuestros alumnos hacia un camino digital de valores.
Tenemos la obligación de inculcar respeto hacia los mayores ya que la experiencia de lo vivido no se enseña en Internet ni en ningún libro. Es por esto que la figura del profesor toma las riendas de la construcción del conocimiento de nuestros alumnos.


Quería despedirme, darle las gracias a Consuelo por la creación del bloq y desearos a todos mucha suerte con los exámenes.